Del millonario Richard Branson, Grupo Virgin es recordado en el mundo del rock por haber firmado a gigantes tipo Genesis, Sex Pistols y Smashing Pumpkins -por mencionar algunos- a través de su disquera homónima, hoy propiedad de EMI.
El consorcio británico apostó también por la música en línea en 2005, gracias a su filial Virgin Digital que apenas funcionó por un par de años, pero que dejó para la posteridad un célebre ‘wallpaper' que retaba los conocimientos de los que presumían saber todo del género de las guitarras.
Una vez más con el romanticismo por el fetiche del disco, abordamos en este inicio de año algunas extravagantes portadas del género de las guitarras, ahora con el común denominador de las siempre fascinantes ilusiones ópticas.
Si bien en 2008 el presente espacio había dedicado una entrada a las más extrañas fundas para discos, por esta ocasión nos enfocaremos a ese arte gráfico que por medio de sencillos efectos visuales es capaz de engañar al ojo del melómano.
La primera década del siglo XXI transcurrió más rápido de lo que muchos creímos: en pocos años transitamos del nu-metal al ‘indie', del punk revival al post-rock, con algunas viejas figuras todavía en actividad y las nuevas generaciones redimiendo sonidos del pasado, con uno que otro álbum que llegó a sorprendernos.
Llega ahora el 2011 con la promesa de otros diez años de música, con menos bandas puristas o conservadoras y más artistas curiosos de abordar otros géneros más allá del rock, un fenómeno que puede restarle seguidores o ganarle otros, según la perspectiva de la edad, los gustos musicales o la naturaleza de los tiempos.
Del otro lado del vidrio sube y baja pequeñas palancas. Borra una toma, graba otra. Lidia con los pleitos y bromas de un puñado de músicos que, gracias a él, obtendrán prestigio o por lo menos altas ventas. Es el productor musical.
Un solitario personaje de respeto, a veces un poco necio y chiflado, pero en quien confía ciegamente una banda. Muchas veces sin el crédito que merecen, han sido los responsables de álbumes elementales para el desarrollo de la música.
Hubiera sido ideal un 666 -el número de la bestia - pero eligieron mejor el día once, del mes once del 2011 para anunciar su regreso en una conferencia en el Whisky A Go-Go de Los Ángeles, donde Black Sabbath ofreció su primer tocada.
Y aunque no es la primera vez que se reúnen, ya que a finales de los 90 grabaron un disco en vivo, en este segundo reencuentro los miembros originales -Osbourne,Iommi, Butler y Ward- confirman un álbum de inéditos con gira mundial.
¿Podríamos imaginar desenfundar un nuevo disco de Iron Maiden sin encontrarnos con la descarnada figura de Eddie? ¿Disfrutaríamos igual de los pasajes de un buen metal gótico sin contemplar los seres fantásticos de la portada?
Desde los inicios del heavy metal, cuando Black Sabbath debutaba con sus acetatos de fundas macabras, la imaginería del género parecía destinada a apoyarse siempre en el arte gráfico de sus álbumes. Se volvió pues, un rito ineludible.
No nos gusta pensar en ella, pero es inevitable. Es la muerte, ese tabú que algunos temen, otros niegan, algunos adoran y otros más -como en México- hasta celebran.
Si bien no podemos saber la fecha exacta del fin de nuestros días -y ni queremos, salvo los casos suicidas- al menos podemos imaginar cómo queremos que nuestros seres queridos se despidan de nosotros cuando dejemos de existir en este mundo.
Al paso de los años, México ha adoptado mejor a las bandas inglesas que sólo resultan exitosas en Estados Unidos, ya sea desde la ‘invasión inglesa' con The Beatles y los Rolling Stones, hasta el britpop de los 90 con Oasis y Blur.
Pero son otros británicos hasta el tuétano -a veces de mayor calidad que el rock que comúnmente escuchamos aquí- los que parecen aislados en su propia escena, como si nunca hubieran existido, pese a que hoy en día resultan básicos para entender la música de Pulp, The Libertines o los Arctic Monkeys.
A dos décadas de distancia, son varios los homenajes y tributos los que en diversos medios de comunicación se han presentado para recordar, no a uno, sino a un puñado de grandes álbumes que fueron editados a lo largo de un año en específico.
Algunos lectores del presente espacio sugirieron recordar el cumpleaños número veinte de varios de sus discos favoritos, aunque resulta que ya en una vieja entrada de 2008 habíamos revisado discografía de aquél muy productivo 1991.
¿Podríamos imaginar cómo se escucharía ‘The Wall' sin sus coros infantiles? ¿Qué sería del clásico ‘Dark Side Of The Moon' sin los latidos de corazón o esos pasos de una persona corriendo?
Desde sus inicios psicodélicos con Syd Barrett, hasta la posterior complejidad y excesos de Roger Waters y David Gilmour, las atmósferas de Pink Floyd deben mucho al manejo inteligente y elegante de los efectos de estudio.
Un músico frustrado que encontró consuelo en el periodismo, un buen pretexto para acercarme a la música al titularme con un reportaje sobre rock mexicano y escribir, por ejemplo, en un espacio como este, dedicado a esa pasión inútil llamada rock and roll.