Hace cinco años para ser exacto fui por primera vez a Cuba, un país que me marcó para siempre, su música, su gente y sus mujeres no se olvidan tan fácil.
Tanto que no dejo de acudir cada semana al Mama Rumba de la colonia Roma, quizás para encontrar una cara conocida de la Habana Vieja o bien para recordar y sentir un poco del calor de las noches habaneras. De las mujeres libres de espíritu y corazón grande, de aquellas damas que en una noche te enseñan todo lo que no aprendiste en toda tu vida (ser feliz).
En ese sentido, hay una película de 1990 de Sydney Pollack con Robert Redford, Lena Olin y Raúl Julia de nombre Havana.
Una cinta más bien comercial que parece una revisión de la mítica Casablanca, ambientada en la Habana previa a la inminente revolución castrista cuando la Cuba de Batista cae en manos de los revolucionarios y era todavía un paraíso para los juegos de azar, las largas noches de juerga y los grandes espectáculos del Tropicana.
Jack Weil (Robert Redford), un tahúr profesional, llega a La Habana con la intención de llevar a cabo la partida de su vida.
Pero lo que encuentra en la ciudad es un auténtico nido de espías y revolucionarios castristas que buscan derrotar a Batista.
Rumbo a la isla, Jack conoce a Roberta (Lena Olin), quien lo seduce para que lo ayude a pasar unos radios que servirán a los revolucionarios de Castro. Él queda prendido a ella desde el primer momento, el problema es que Roberta está casada con uno de los revolucionarios.
Finalmente logra tenerla en sus brazos luego de que a Roberta le hacen creer que su esposo a muerto a manos de los soldados de Batista, en ese momento ella decide ir con Jack a Estados Unidos y rehacer su vida sin tantos sobresaltos.
Pero minutos antes de irse a EU aparece el revolucionario, que no estaba muerto, sino más bien preso y que Redford paga su libertad con un diamante que traía incrustado en el antebrazo como una última jugada de un buen tahúr.
Jack apuesta todo a Roberta (incluso su última jugada, el diamante) y le dice que su esposo está vivo, ella explota contra él señalándole que ya se había hecho a la idea de una vida tranquila, pero finalmente regresa con su esposo y la revolución.
Jack ahora sí perdió todo, apostó todo a una mujer, esa parte de la película es la que realmente me hace recordar Cuba y a mi negra.
En una de las últimas escenas ya con Robert Redford en Miami, señala que todos los días lee el periódico en la sección de coincidencias, donde varios hermanos después de muchos años se encuentran, añorando también un reencuentro con su amor.
O bien visita la playa para ver si algún día un barco trae el amor de su vida de regreso. “Diario me pongo a ver la puerta por horas esperando que un día entres por ahí”.
Así me pasa a mi, todos los días espero escuchar tus tacones por la duela y dejo mi puerta abierta para que puedas entrar, leo tu horóscopo con la esperanza de que un día diga que un viejo amor volverá a ti.
Oscar Cedillo/ El Conejo
PD. Por eso bendito Mama Rumba, los más cercano a Cuba y mi negra...