Esta mañana fuimos a Njia Panda, el pequeño pueblo maasai que está cerca de nuestro camping, Doffa Camp, para adquirir los víveres necesarios para el safari, cuya etapa más dura empieza ahora. Después, volvimos a subir hasta el Ngorongoro, para transitar por su borde superior hasta encontrar la ruta hacia la Garganta de Oldupai y además hacia el Serengeti, a donde llegaremos esta tarde.
Esto nos permitió detenernos en diversos puntos para admirar el cráter desde las alturas, descubrir nuevos aspectos en cada ocasión y volver a maravillarnos.
Pero del lado contrario también había paisajes sensacionales, primero hacia un gran lago, el Manyara, y después hacia la depresión Malanja, donde una aldea y muchas casas maasais descansaban mientras una gran nube baja se recortaba contra el volcán Lemakarot.
Seguimos por el camino infame hasta la Garganta de Oldupai, otro producto de la separación de placas tectónicas que creó el Rift Valley. Las sucesivas elevaciones y caídas del terreno provocaron que esta zona haya sido lago, río, desierto y garganta, como ahora, y que a lo largo de millones de años se fueran depositando diversas capas de rocas y sedimentos que conservan el registro de las épocas con fósiles de plantas, animales y de los primeros homínidos.
Al principio de los años 30, una joven pareja de arqueólogos británicos, los Leakey, entendió la gran promesa de Oldupai y se estableció ahí para descubrir sus secretos. Es una historia impresionante de dedicación y compromiso, porque pasaron 27 años, hasta 1959, antes de que hicieran su primer gran hallazgo, un cráneo de 1.8 millones de años de antigüedad que llamaron Australopithecus boisei, y que demostró que los seres humanos evolucionamos en África, y no en Asia como se pensaba entonces. Por eso este lugar es conocido como la cuna de la humanidad.
Trece años después, en 1972, cerca de ahí fueron descubiertas las huellas de tres homínidos, cuya edad se estima en 3.7 millones de años. Una reproducción de este antiguo sendero se encuentra en el pequeño museo de sitio.
Hay que ver la Garganta de Oldupai para imaginarse lo que es trabajar ahí, con dedicación y paciencia, a lo largo de décadas: es un lugar inhóspito, seco y caliente, y en esos días estaba sumamente aislado: se requería una semana de expedición desde Arusha. En el fondo hay un pequeño monumento en el sitio donde Mary Leakey encontró el cráneo.