Los ñúes son animales cobardes. Se ven temibles con sus grandes cuernos y el rostro oscuro que apenas permite distinguir sus ojos. Pero el solo gesto de que te bajas de la camioneta los hace salir en estampida. A eso se refería la inglesa con lo de no asustarlos (claro que no imaginaba que seríamos tan brutos como para casi destruir su escondite).
Sin embargo, los ñúes tienen una relación muy especial con las cebras. Rara, porque suelen estar juntos y se llevan muy bien, pero no son cuates. En los momentos más calurosos del día, cebras y ñúes se refugian bajo las sombras de los grandes árboles. Me parece cómico porque semejan asambleas mudas, decenas de animales juntos, solamente ahí, parados, sin moverse o tirarse al piso. Es raro ver un árbol bajo el que se refugien cebras y ñúes juntos. Aquí uno de cebras, allá uno de ñúes, y así. Frecuentemente pastan mezclados, y así también migran.
Pero tampoco se llevan tan bien como para compartir el pan y la sal, o el agua: del otro lado del Grumeti, en un brazo menor sin cocodrilos, pudimos observar a decenas de animales entrando en el agua para beber. A unos 25 metros, apagamos el motor de la camioneta y nos quedamos quietos, pero en algún momento abrimos una puerta: los ñúes se asustaron y escaparon. Las cebras ocuparon el espacio libre. Minutos después, nuevos grupos de ñúes llegaron sin advertir nuestra presencia, y con su mayoría numérica presionaron a las cebras hasta casi expulsarlas del río.
A lo largo de toda esta aventura fuimos perseguidos por las moscas tse-tse, un insecto tipo tábano que se te pega a la piel, te pica y no se va si no le das un golpe directo. El problema es que las tse-tse pueden transmitir enfermedades que afectan a los seres humanos (el mal del sueño) y el ganado (curiosamente, no a los animales salvajes). Laura se ha sentido un poco mal, como con sueño, pero descartamos que sea efecto de las picaduras porque los síntomas tardan en aparecer. Si tuvimos mala suerte, nos enteraremos dentro de tres semanas.
La presencia de las tse-tse en las llanuras del Serengeti obligo a los maasais a alejarse de la zona. Cuando llegaron los europeos, encontraron enormes llanuras llenas de caza mayor y vacías de personas. Pero sigue siendo un problema irresuelto, por lo cual resultó sencillo transformar esta enorme región (casi 15,000 kilómetros cuadrados) en un parque nacional. En la reserva de Ngorongoro, en cambio, hay comunidades maasais, por lo que se trata de un “área de conservación”, un experimento singular de convivencia de seres humanos, ganado y animales salvajes.
No presenciamos el gran cruce y de hecho quién sabe si lo verán la rubia y su equipo. No hay forma de predecir lo que harán las columnas, de entender por qué de pronto marchan todos en disciplina hacia el lado contrario, qué es lo que les dice a los líderes cuándo y por dónde hay que pasar, ya que no tienen vigías, radios ni GPS. Sólo pueden acercase al Grumeti cuando se han decidido a cruzarlo, porque cualquier paseo por la orilla significa entrar en el menú.
De todos modos, la experiencia fue tan maravillosa como intrigante. El movimiento organizado de los animales es algo espectacular que te invade con preguntas mientras te llena los ojos. Apenas creo que estuve ahí hoy y ahora disfruto de la arena y las olas del Lago Victoria, de nuevo en el reino de los hombres.