Un estruendo despertó a los vecinos de la colonia Ojo de Agua, en Tláhuac, la madrugada del miércoles de la semana pasada. Era la tierra que se abría para dar paso a un enorme chorro de agua. La fractura inició en la vía pública y terminó atravesando el patio de la casa de la familia Zúñiga y alcanzó dos casas vecinas.
La grieta alcanzó los 15 metros de largo y los 3 metros de profundidad. Es una verdadera caverna surgida a raíz de los movimientos naturales de la tierra. “Hundimiento diferencial”, le llaman los expertos.
“El Director de Protección Civil, Luis Wintergerst, aseguró que después de haber controlado la fuga, la situación quedó normalizada y fuera de peligro para los vecinos”, dice la información de los reporteros de este diario.
Pero después, en el siguiente párrafo, el mismo Wintergerst se contradice:
“La delegación está asentada sobre el ex lago Chalco-Xochimilco y por ser una zona lacustre es susceptible de hundimientos”.
Por fin, ¿corren o no corren peligro los vecinos?
No digo que la grieta sea culpa de Wintergerst ni del GDF, aunque sí lo es de las nefastas políticas de asentamientos urbanos aplicadas en 7 décadas de priismo que, a pesar de saber lo complicado del terreno, siguió permitiendo la urbanización de terrenos no aptos para viviendas y nunca se preocupó por frenar las prácticas que perjudican aún más el subsuelo del Valle de México, como la irracional extracción de agua a través de pozos.
Para muestra, otro botón: el municipio de Chalco-Solidaridad se inunda todos los años en temporada de lluvias. Esa es la parte más baja del Valle de México, en donde prácticamente se pierde la pendiente que empuja la salida de aguas residuales de la ciudad. Al no tener impulso para seguir corriendo hacia abajo, el agua se anega, se desborda y sube hacia las casas de los miles de beneficiados por la obra magna de Carlos Salinas de Gortari que nadan durante días entre aguas negras.
En Iztapalapa abundan las grietas: parten calles, avenidas, edificios enteros. En este caso, también la explicación es que ocurren hundimientos diferenciales causados por la falta de agua en el subsuelo.
Con estos antecedentes, cuesta mucho trabajo pensar que eventos tan dramáticos sean sólo obra de la naturaleza, pero cuesta más creer que esos problemas estén soslayados desde hace décadas.