Por Maruxa
Ya son varias las veces que han pedido fotos y preguntado por los bellos paisajes de Venezuela. Y como Mingus se sigue resistiendo a darles una respuesta, hoy me atrevo a contarles la divina experiencia que viví cuando estuve en el RORAIMA, uno de los tepuyes más importantes de Venezuela. (Los tepuyes son las formaciones rocosas más antiguas de la tierra.)
Quizás porque uno es de aquí es fácil imaginar que todo el mundo sabe cómo es el Amazonas (la selva, una parte de la cual ocupa territorio venezolano), la Gran Sabana, los Andes, las playas venezolanas… Debo confesar que aunque soy guayanesa –nací en el Estado Bolívar, uno de los más ricos en todo: minerales, oro, ríos, tierras productivas, y mujeres por supuesto. Para ser exacta es el estado donde se encuentran la majestuosa Gran Sabana, el Salto Ángel –Churú Merú en lengua indígena: la caída de agua más alta del mundo- y los hermosos e impresionantes tepuyes.
Pero aunque era mía esa tierra jamás había ido a la Sabana. Sólo fue hace un año que me animé a visitar el Roraima. No tengo palabras para describirlo, solo sé que es uno de los monumentos naturales más bellos que tenemos en el mundo (será visita obligatoria para Témoris cuando su Temtour llegue a Venezuela). El Roraima es el tepuy mas alto del país, con aproximadamente 2725 metros sobre el nivel del mar. Realmente me siento orgullosa de tenerlo aquí, aunque desafortunadamente la mayoría de los venezolanos no conocen estas maravillosas montañas de piedras históricas y legendarias.
Hace un año tuve la posibilidad de hacer el viaje más maravilloso de mi vida. Antes había visto fotos, documentales, videos, pero jamás habría podido imaginar toda la magia que la Gran Sabana encierra. Porque es eso, magia, tranquilidad, el mundo verde, imponente, perfecto, con energía, con paz. Es la conexión mas cercana que he tenido entre mi cuerpo y el alma.
Cuando estas allí, “in the Roraima” como dice la canción, lo puedes ver, sentir y oler. Mi primera impresión al estar cerca del Roraima y el Kukenan (otro tepuy) fue de impacto: no sé si quería llorar, gritar, solo se que me emocioné muchísimo. Me pregunté por qué habría de pagar tantos miles de dólares por ir a la luna si aquí estoy en otro planeta. Y para ser más honesta, me emocionó que no fuese otro sino el mío, donde nací, sólo que era mucho más emocionante porque estaba millones de años atrás. Dicen que esas rocas pertenecen a la época del pangea, etapa o hipótesis histórica que representa la unión de todos los continentes del mundo. Esta hipótesis se basa en la estructura de rompecabezas: nuestros continentes encajan perfectamente.
Llegar al Roraima requiere bastante esfuerzo; el camino es largo, tortuoso a veces. Pero una vez que estás en la cima del tepuy realmente puedes sentir el paso de los años y de los siglos. Es como si te dieran un bofetón en la cara: te sientes insignificante ante tanta historia, tanta vida. Pero el mismo peso de los años –en forma de roca- te da fuerzas, te llena; sientes que puedes vivir tu vida sabiendo que no es una vida prestada, que no le estás quitando nada a nadie, que no le estás robando la vida a nadie y que tu vida es una sola. Sientes la libertad y la necesidad de vivir esa libertad.