Si descubro que mi esposo me está engañando, voy a trabajar, continúo con todo como lo hago todos los días, si acaso derramaré algunas lágrimas mientras bebo mi café... hemos perdido pasión. Palabras más, palabras menos, así inicia Mentiras urbanas.
Cuando Diana Lee (Glenn Close) explica a sus alumnos de actuación porqué deben darle mayor intensidad a su interpretación de Shakespeare, termina disculpándolos ya que en la actualidad todos “nos hemos olvidado de la pasión”. Y tiene razón.
No es que debamos tomar una daga y clavárnosla cuando tengamos una decepción amorosa (imaginen la cantidad de personas que moriríamos diariamente), pero coincido en que hemos perdido algo en el camino. Difícilmente (por no decir nunca) nos permitimos un gran drama, un gran riesgo, una gran aventura, un gran amor, una gran entrega, un gran escándalo, un gran “algo”. Nos hemos vuelto, como dice Diana Lee, espectadores del mundo, espectadores pasivos.
Y es precisamente de eso de lo que trata Mentiras urbanas, de cómo sólo vamos por el mundo sin poner atención a los detalles, engañándonos a nosotros mismos. Puedes conocer a una persona, platicar con ella, compartir sentimientos y, al final, alejarnos sin conocer siquiera su nombre.
En 24 horas las historias se conectan para descubrir un secreto que nosotros imaginamos muy al inicio de la cinta, pero la manera en que se relacionan y, especialmente, los diálogos entre estos personajes neoyorquinos alimentan no sólo la trama sino nuestros pensamientos.
Sí, la nuestra es una sociedad que ha perdido la pasión. Por ello les doy el mismo consejo que Diana Lee da a sus alumnos: “¡Por lo que más quieran corran un riesgo este fin de semana!” (bueno pueden hacerlo antes si lo desean, digo, para qué esperar tantos días).
(Vanesa G. Toca)
pd. Esta cinta la pasaron como parte del Urban Fest, así que por el momento no está en cartelera, pero, según he leído, se estrenará comercialmente en México el próximo 11 de noviembre, así que estén pendientes.