La semana pasada no fue del todo agradable, amigos y familiares tuvieron algunas complicaciones de salud; aunado a eso, algunas situaciones emocionales y mentales también han repercutido en mí…, sin embargo, y como diría el dicho, la función debe continuar.
El domingo me encontraba en una encrucijada, nada grave, pero sí tenía algunas dudas y preocupaciones; necesitaba de esa “algo” que me ayudara a despejarme o “vislumbrar” los siguientes pasos, no para la vida, sino para las horas que venían.
¿Qué se hace en estas situaciones? Simplemente dejas fluir los sentimientos reprimidos, “disfruta las cosas bellas de la vida” y haces un recuento de lo que has vivido, no de los últimos años, simplemente piensas las últimas 24 horas.
Y eso fue lo que hice, lloré… y fue un llanto tan agradable que ya cambié mi Dulce noviembre por un enfrentamiento familiar y emocional (Elizabethtown), que al final del camino, sólo tienen un propósito: disfrutar de los momentos.
Ambas películas tienen a mujeres que , a su manera, afectan al que parece ser el hombre de su vida; ambas son heroínas que ayudan a enfrentar los demonios; sin embargo, la primera sabe que va a morir y la segunda, quiere dejar de ser la “sustituible”.
Sí, es una historia sencilla, comercial, pero con mensajes que olvidamos por estar inmersos en el ajetreo cotidiano; pero lo más hermoso (y para que yo diga eso de una película romántica), es que todos alguna vez hemos disfrutado de esa conversación en donde descubres a la persona que quieres que esté a tu lado en ese momento, algunos la descubren por teléfono; otros, en charlas de café; y muchos otros, en las playas de Puerto Escondido.
Ahora sí me ganó la cursilería, pero creo que esta cinta es una de esas que no puedes dejar de ver; si la historia no les impresiona, compren el soundtrack, que puede servir para una velada romántica.
(Guillermina Ortiz Cortez)