Tal como les había contado, estoy asistiendo a un evento que debería provocar algún impactante interés público, está reunido en El Colegio Nacional (una de las instituciones “top” del mundo académico del país) un buen contingente de astrofísic@s e ingenieros de las más diversas nacionalidades en el III Taller México-Corea “Los telescopios del futuro y la sierra de San Pedro Mártir”.
Están compartiendo los proyectos de construcción de los telescopios del futuro, no obstante que algunos de ellos ya son casi presente, van muy avanzados para recibir su primera luz el próximo año o dos.
Uno de los retos para la buena operación y resultados esperados de estos gigantescos instrumentos de millones de dólares tecnologías de punta, es colocarlos en lugares del planeta óptimos: que la mayor parte del año tengan la menor nubosidad, humedad y turbulencias, por ello se buscan lugares de preferencia muy altos, por arriba de los dos mil metros sobre el nivel del mar.
Pero no basta, estos lugares deben tener la condición de no estar amenazados por el crecimiento urbano y la consecuente contaminación lumínica y de partículas de la atmósfera. Una noche con estrellas cintilantes es buena para inspirar a poetas y enamorados, pero es pésima para la astronomía porque las estrellas no cintilan, si las vemos refulgiendo es que la atmósfera está húmeda o hay turbulencias provocadas por los encuentros de masas de aire frías y calientes que, al rozar entre ellas, provocan las turbulencias que pueden darse en distintas alturas a la vez.
Un ejemplo análogo es como cuando vamos por carretera en un día caluroso y en una recta larga vemos al fondo como si hubiera agua moviéndose, distorsionando la visión que tenemos de la línea del pavimento, no hay tal, es el aire caliente que distorsiona.
Al observar imágenes tomadas por satélite sobre la superficie de la Tierra del lado de la noche, aparte de poder descubrir la riqueza y la pobreza de los países, también podemos notar territorios naturales como la selva en África y Brasil, el desierto al norte de África o la tundra siberiana, están muy oscuros o, como en Siberia, sólo se ve una línea de luz siguiendo la ruta del tren transiberiano.
En los lugares de fácil acceso notaremos que casi ya no quedan zonas oscuras, en el hemisferio Norte una de ellas es Baja California en la sierra de San Pedro Mártir, otra es Hawai en el extinto volcán Mauna Kea y otra es la montaña Roque de los Muchachos en las Islas Canarias; en el Sur prácticamente nada más alguna zona de Chile.
Como era de esperarse se ha hablado de la sierra de San Pedro Mártir, se han descrito los lugares en donde sí y en donde no se pueden hacer edificaciones a 2 mil 800 metros sobre el nivel del mar, si se pueden extender líneas de electricidad y fibra óptica hasta las zonas urbanas, construir caminos y, por supuesto, se han vertido datos y mediciones sobre su límpido cielo la mayor parte del año.
Las autoridades de Baja California deberán ser conscientes de la amenaza que significaría no tomar precauciones sobre el crecimiento urbano que, como es notorio, se nos da crecer a lo güey, además se necesitaría iluminar las calles de noche ¡no el cielo, para qué! La comunidad astronómica de Ensenada ya ha trabajado en conjunto con el gobierno del Estado y los municipales, de hecho ya han elaborado conjuntamente un Ley de la luz, lo cual sabemos que lo difícil (en este país) es que se cumpla y que en otras áreas de la economía es nuestro talón de Aquiles con los inversores. En la astronomía no será la excepción, para invertir millones de dólares para construir los telescopios gigantes con espejos primarios de 6, 8 10, 20 30 y hasta 100 metros en el lugar más límpido (y hermoso) de la República y del planeta nos van a exigir seguridad en las reglas.