Sí, seguro que lo han visto pasar y les ha extrañado. Se han quedado sorprendidos pero no le han hablado. Pero él sí se ha acercado a ustedes en el folclórico centro de la delegación Coyoacán. Cierto, es un mutante libresco de lo más extraño. Viste traje de esos que se usaban en los 60, sombrero, lleva paso lento y es muy parloteador.
Es conocido en las calles de este histórico barrio como “don palabras” por que narra sus peleas con el gigante editorial Diana como si no fuera suficiente la enorme mica que lleva sobre el cuello con recortes de publicaciones periodísticas que relataron su batalla.
De lejos Carlos Flores Vargas –segundo lugar en el Premio Internacional de Cuento Max Aub 1988- parece personaje de un filme de charros contra gansters; de cerca, es proscrito del circuito editorial nacional por el hecho de haber ganado al grupo editorial un litigio por incumplimiento de contrato en 1989, tras de nueve días de huelga de hambre en el corredor Zócalo-Pino Suárez.
Todo comenzó cuando le mandó a Jacobo Zabludowski una serie de cuentos que el informador tuvo a bien recomendar a directivos de la editorial. Les gustó y lo contrataron para publicar un libro de cuentos que nunca vio la luz.
Tras el litigio muchos años su pluma fue inundada de zozobra, tristeza y desdén por crear mundos con palabras.
Ahora, autopublicado por el sello Patito Feo, renueva su desprecio hacia los editores entre cafés, restaurantes, góticos, fresas, artistas, meseros, pachamamas, neojipis y mujeres hermosas que se reúnen en la plaza Hidalgo del Jardín Centenario. Una vez repuesto de su desencantada experiencia por el mundo de los libreros, este cuentista (editor, impresor, distribuidor) underground es el protagonista de una historia narrada por sí-mismo.
Sueña con conservar el status quo del escritor libre de la contaminante injerencia burocrática de los funcionarios encargados de promover la obra de artistas emergentes.
Todos los días se le puede ver promocionar sus textos entre sonrisa y sonrisa sin importar que le compren o no el texto. Parece que le gusta difundir su exclusión del mundo de los escritores coolturosos. Imagino que como él hay muchos. Otros se vencen y otros vencen la imposibilidad.