Un triángulo de amor-incesto, un secreto de clóset, un pasado escondido y una trama llena de mentiras piadosas. Suena bien en principio, podría ser una gran historia de suspenso y drama, pero no todos saben guiar estos temas a buen puerto.
Esta historia creo que no es novedad, una mujer que descubre luego de 10 años de matrimonio que algo le falta, la pasión se fue y la monotonía está estacionada tanto en su recámara, como en las demás habitaciones de su casa.
Y claro, el resultado es previsible, en la primera oportunidad busca una válvula de escape que en ocasiones suele ser afortunada, pero que en casos como éste sólo servirá para develar el pasado y poner a descubierto un no tan terrible, pero sí penoso secreto.
La mujer de mi hermano es una historia con una temática poco convencional, lo que la hace atractiva, además del tratamiento comercial de llamar entre sus protagonistas a Bárbara Mori que independientemente de sus pocas cualidades actorales es una belleza, y a un Beto Cuevas que no canta (en la cinta) ni convence en su papel de cura, pero que llama la atención verlo entre los créditos.
La historia, como dije al principio, promete pero sólo muestra destellos. La cinta hubiera dado para más, pero la visión de su director Ricardo de Montreuil, creo yo, se vio muy light, algo fresa para un tema bastante fuerte.
Algo de lo rescatable son las apariciones de Angélica Aragón y Bruno Bichir, que interpreta de manera genial a un gay que no tiene mucho que ver con la historia pero que sirve para dar soporte y respiro a la temática de la cinta.
Ésta es una de esas cintas que no me atrevo a recomendar, pero que tampoco puedo decirles no la vean. La historia es buena, pero la realización, si son muy exigentes, los dejará a medias, aunque en un día como hoy todo vale ver en el cine, los miércoles siempre se prestan para ir a comprar los boletos de la película que esté disponible y esta es una opción más, algo diferente.
(Gabriel Rojas)