Vale, pues, pensemos que vivimos en un capítulo de Expedientes Secretos X y que las grandes farmacéuticas son tan perversas como para matar millones de personas para vender productos. Si fue así y era en África donde querían vender, lo planearon muy mal.
Para empezar, porque África no tiene plata. Los gobiernos, la ONU y las ONG están comprándole a India, Brasil y otros países que fabrican productos genéricos sin pagar derechos a los laboratorios malosos, y por lo tanto los consiguen a una fracción del precio normal.
La OMC ha avanzado en hacerlos respetar la propiedad intelectual, pero ha tenido que aceptar salvaguardas inusuales: los medicamentos para las naciones pobres pagan menos derechos; los países pueden declarar el estado de emergencia y no pagar nada a las farmacéuticas; los grandes laboratorios han preferido resignarse y vender baratísimos --o de plano regalar-- ellos mismos sus productos, para no dejarle el mercado a la competencia.
¿Y quién creen que ayudó mucho a romper los tabúes de la propiedad intelectual, algo inconcebible hace sólo tres años? El gobierno de G.W. Bush (y no me acusen de ser pro-Bush). ¿Porque son muy buenas personas? No, porque el sida también perjudica a Occidente, es una catástrofe mundial.
El negocio para los grandes laboratorios no está en África, sino en Estados Unidos y Europa Occidental. Ahí es donde se pagan fortunas por el tratamiento. Agente Mulder, está usted buscando en el lugar equivocado: los villanos de las farmacéuticas no querían enfermar a los africanos, sino a los gringos.
Beatrice plantea que se estaría tratando de desviar recursos destinados a los alimentos, el agua y las enfermedades de pobreza. Aunque se pudiera demostrar esto, el sida no se puede dejar aparte, no sirven los pozos de agua si no queda nadie vivo para beberla. Ella denuncia "campañas para sembrar terror sobre el sexo en la población", para que no se tengan relaciones sexuales y no distribuir condones gratuitos (ese párrafo es confuso, creo que esto es lo que quiso decir). ¿Dónde se llevan a cabo esas campañas antisexo? Estuve en cinco países con los mayores problemas de VIH y no vi nada de eso. La gente es muy liberal en el sexo y el enfoque de los gobiernos va por el sexo protegido, no la abstinencia (salvo Uganda). Por lo contrario, en África es más fácil encontrar condones gratuitos que algo para comer.
¿Quién sale ganando, entonces, con la difusión de estos rumores no comprobados y, hasta que alguien demuestre que me equivoco, contrarios a la lógica? Van algunos ejemplos:
a) Los dictadores. Y los movimientos políticos irresponsables. Acusar a Occidente de estas terribles conspiraciones sirve a los intereses de genocidas como Robert Mugabe (Zimbabwe) y Teodoro Obiang (Guinea Ecuatorial), entre muchos otros, para legitimar su eternización en el poder y sus métodos asesinos: "defienden a la patria contra las amenazas de Occidente".
b) Los sangomas, o curanderos tradicionales: Estas personas son importantes factores de poder en África, pero su influencia es amenazada por la medicina occidental. Denunciar la conspiración del sida les sirve para retener o recuperar a la gente, aunque después se les muera.
c) Los charlatanes. Un ejemplo del que ya he escrito es el de Matthias Rath, un "médico" alemán desacreditado en Occidente que paga muchísimo dinero en publicidad para decir que las multivitaminas que vende son todo lo que se necesita para combatir el sida. Su eslogan trata de tocar la sensibilidad anti-occidental de muchos africanos: "Rompe las cadenas del colonialismo farmacéutico", es decir, el de los laboratorios a los que trata de hacerles competencia.
Inventar conspiraciones resulta muy útil para quienes quieren crear o mantener un rebaño, sea político, religioso o filosófico. Pero no sirve para quienes están interesados en combatir los problemas con seriedad, como Beatrice sin duda está. Además confunde a la gente, ése es un grave peligro porque distrae esfuerzos y debilita los apoyos. Me gustaría que los lectores recientes de este blog (creo que ella lo es) visitaran la página de mi viaje por Sudáfrica (o mi artículo en la revista Quo de noviembre): hablé con muchos hombres y mujeres que están comprometidos en la lucha contra el sida y que no pueden perder tiempo buscando conspiraciones y confundiendo a la gente: su pueblo se muere. Ellos mismos se están muriendo.