José Ángel Parra
Como en la temporada 1982-83, América murió cargado de vanidad y soberbia. Era algo que se palpaba, con todo y los esfuerzos del propio Cuauhtémoc Blanco, quien presumía que existía la misma humildad que los había llevado al título en el Clausura 2005.
Pero no... si bien mejoró en cuanto a refuerzos e incluso alcanzó el superliderato, cayó porque todo indica que se sintió campeón antes de tiempo. Así que el histórico descalabro de los 80 ya no servirá de referente a las nuevas generaciones Águilas. Tendrá que ser, ahora, el incidente vivido en el Apertura 2005, donde la soberbia los volvió a matar...
Lo ocurrido el domingo en Santa Úrsula hace resurgir aquellas anécdotas. Más allá de la ventaja de dos goles (1-3) que el América consiguió en el partido de ida —celebrado en el “Volcán”—, el cuadro de Coapa obligaba a los Tigres a vencer por una diferencia de tres goles en el mismísimo Azteca. Considerando los antecedentes de Tigres como visitante, era algo más que improbable. Y si añadimos los méritos del América, pues más: superlíderes favoritos, actuales campeones y con apenas tres descalabros en 17 partidos.
Pero Tigres, amparado en el orgullo y la entrega de sus jugadores golearon 4-1 a las Águilas, suficiente para dejarlas en el camino, como sucedió hace 22 años. Igual de ruidoso que en el pasado y en el mismo lugar.
La historia del balompié en Liguillas registra varias remontadas, como esa.
Ahí está, por ejemplo, el increíble título que alzó el América en el Torneo Prode 1985, cuando en la final de ese campeonato perdió el juego de ida (4-1) a manos del Tampico Madero y luego se levantó para golear 4-0 —precisamente en el Coloso de Santa Úrsula— al cuadro tamaulipeco, dirigido entonces por el chileno Carlos Reinoso.
También se recuerda la reacción que tuvieron las Chivas en la reclasificación del Clausura 2003, en la que los tapatíos cayeron 4-1 frente al Cruz Azul y luego se repusieron en el Jalisco para golear por el mismo marcador a los celestes, a quienes eliminaron.
Sin embargo, la memoria se detiene en una serie semifinal que no tuvo que ver con levantarse de un marcador muy desventajoso, pero sí de una de las más grandes sorpresas que se recuerdan.
Fue justo en la temporada 1982-83 cuando el América, favorito indicutido, enfrentó al Guadalajara, que más que Chiva, parecía cordero listo para el sacrificio.
El Rebaño, entonces dirigido por Alberto Guerra, clasificó a la Liguilla en séptimo lugar. Durante las 38 jornadas apenas cosechó 40 puntos.
En contraste, América llegó en primerísimo lugar, con el récord de 61 puntos. Las unidades acumuladas por los "emplumados" en ese torneo (en el que se cuentan tres puntos por victoria y no dos como antes) equivalen a 87 contra 53 del Rebaño.
Los records alcanzados por los pupilos de Carlos Reinoso hacían pensar en un título seguro en aquel certamen, mas inexplicablemente sufrieron una estrepitosa caída, sólo comparable con lo sucedido el domingo anterior.
Aquella vez, Chivas cayó 1-2 en el Jalisco y llegó a la capital en calidad de “víctima”, pero los tapatíos se impusieron 0-3 con tremenda bronca al final del encuentro. El polémico trabajo arbitral del uruguayo-mexicano, Edgardo Codesal, dejó resentimiento entre los americanistas, que en el torneo siguiente tomaron desquite de los tapatíos en la final.
¿Recuerdan algo más doloroso para un americanista?