ÁNGEL SOTO M.
A unas horas de conocer quiénes serán los rivales de México en la fase final de la Copa del Mundo de Alemania 2006, Vanderlei Luxemburgo leía una carta ante la prensa de Madrid en la que se despedía de sus jugadores y acusaba la soberbia de un club más partidario de tener futbolistas en las portadas de revistas del espectáculo o de sociales que en dar resultados dentro de las canchas.
Luxemburgo es un tipo de armas tomar. Es quizá el director técnico más respetado de Brasil. Un hombre franco, de carácter, trabajador y estricto, características que para poseerlas obligan a tener un amplio conocimiento del juego.
Multicampeón en Brasil, forjador de jugadores y principal candidato para tomar a la selección más poderosa del mundo tras el evento de Alemania 2006, Luxemburgo arremetió contra el monstruo blanco de Florentino Pérez, ese Madrid al que hoy en día pocos desean llegar para ocupar un banquillo más propicio para un tragafuegos que para un estratega.
Luxemburgo, a diferencia de sus antecesores en el cargo de la hoguera de vanidades blanca, no cerró la boca. Él conoce su capacidad y su palmarés. No se sentirá un fracasado por no levantar a un equipo de viejas divas del balompié, que dejan de entrenar por ir a filmar un comercial o aparecer en una pasarela, por ello, atacó a quienes lo atacaron, porque no se iba a ir sin decir su verdad.
El brasileño, educado y de elegantes maneras, comenzó su alocución así: "Buenas tardes. Siempre he respondido a vuestras preguntas, por lo que en esta ocasión os ruego que respetéis mi deseo de no admitir cuestiones cuando termine la lectura de este comunicado".
De esta forma, ganó el espacio necesario para exponer su punto de vista sin interrupciones. Y de inmediato desgranó una a una las ideas que llevaba guardadas desde semanas atrás en un rincón de su ser.
"Cuando llegué al Real Madrid traía conmigo un proyecto. Pensaba que en Europa se respetaban más los proyectos y que no dependían de un resultado. Nunca imaginé que perder un clásico pudiera crear tanta inestabilidad en una entidad de la importancia del Real Madrid, ni que cada 90 minutos se pusiera en entredicho el cargo de entrenador de este club. Sin embargo, son cosas que, aunque me decepcionan, me han servido para tomar nota del funcionamiento de esta grandísima entidad", dijo al desnudar la triste realidad del equipo más importante de Europa.
Luxemburgo recordó al todopoderoso Florentino que para construir un proyecto triunfador, además de chequera y glamur, también se requiere planificación, libertad para el técnico y continuidad, apoyo a un plan de trabajo con objetivos establecidos.
"En mi planificación estaban previstos los buenos y los malos momentos, como ha pasado con otros grandes clubes que luego ganaron campeonatos. Estábamos en una mala situación, pero yo sabía que acabaría con estas tres semanas en las que podríamos entrenar con todo el grupo. Estaba convencido de que el equipo iba a salir de esta situación y mi sorpresa ha llegado cuando me he dado cuenta de que un club tan grande no ha entendido estos detalles".
Estratega capaz y analítico, Luxemburgo no podía dejar de dedicarle unas líneas a la prensa. Tanto a la fastidiosa, que la hay por todos lados, como a la verdaderamente analítica, y esto les dijo: "Cuando hablaba de mi currículo y defendía mis ideas no era por arrogancia, sino para estimular a quienes no conocían mi historia a que la buscaran. En ella se demuestra que siempre salí de los malos momentos hacia las grandes conquistas. Esto iba a ocurrir también en el Madrid; yo no quería vivir del pasado, sino de un presente en La Cibeles".
Finalmente, sin responder preguntas, y tras agradecer a público, jugadores, prensa y al Real Madrid por la oportunidad brindada, este caballero brasileño abandonó el recinto para de inmediato emprender nuevas aventuras en el camino al que está acostumbrado, el del triunfo; que no es el mismo caso de los Merengues, de quienes ni los más optimistas se atreven a pronosticar cuándo recuperará su grandeza, porque lo único cierto es que el costo ha sido, es y será, millonario.
Hoy con el sorteo, este fin de semana tendrá ya el fino sabor a Mundial. El Tricolor, que al ser cabeza de grupo ha dejado atrás la pubertad futbolística, conocerá a sus rivales, y con ello dará inicio a una etapa histórica que se espera rinda resultados favorables, porque nunca antes como con Ricardo La Volpe, se le dio continuidad a un proceso. ¿Auguran buenas noticias para la expedición de Alemania 2006? Yo sí.