Luego de ser premiado por su película El Pianista, el cineasta Roman Polanski regresa con la historia de Charles Dickens, Oliver Twist, personaje creado por el novelista inglés el año 1839.
La historia es sobre una mujer que llega a un orfanato, donde da a luz a un niño. Luego del parto, ella muere. El niño, huérfano, pasará su infancia sometido al hambre, el frío y a continuos maltratos.
Debido a eso el pequeño Oliver Twist sale huyendo a Londres, donde se encontrará con compañías poco agradables como una banda de ladrones. Después de varias aventuras tiene la suerte de caer en manos de gente honrada, pero sus “amigos” maleantes lo obligan a delinquir, ahí es donde inicia el verdadero drama.
La cinta de Polanski no tiene nada que ver con otras clásicas versiones de la novela, como la de David Lean de 1948, o la comedia musical Oliver, de Carol Reed.
Es una coproducción anglo-italo-franco-checoslovaca, que costó alrededor de 45 millones de euros. Roman muestra en esta película su experiencia de hacer cine, con tomas y diálogos limpios, pero de momentos lenta y bastante larga, nada espectacular, pero sí con mucho oficio.
Para mi gusto, quizás lo más negativo de la película, es la pésima actuación del protagonista, Barny Clark, un niño de 10 años que ha realizado pequeños papeles en algunas series televisivas, pero ningún protagónico.
Creo que su actuación es sosa, no transmite nada. Polanski con toda su experiencia no logra que el muchachito provoque el mínimo sentimiento, parece un pescado muerto, una pintura de calendario de mueblería.
Aunque se trató de respetar la esencia de la novela y su estructura narrativa: humor, sentimiento trágico de la vida, ironía, crítica social, descripción de gentes y lugares, no es la mejor película de Roman Polanski y tampoco la mejor adaptación. En momentos de escenas trágicas parecen más bien caricaturas.
Es la primera vez que Polanski dirige un filme destinado a la público infantil, aunque en realidad la crudeza de la historia no es precisamente para niños.
La película fue filmada en Praga, ya que permitió reconstruir el Londres del siglo XIX. Por último quiero destacar la excelente actuación de Ben Kingsley que da vida a Fagin, el viejo judío que lidera la pandilla de ladrones.
(Óscar Cedillo / El Conejo)