Algunos de ustedes pudieron disfrutar el primer fin de semana largo legal de este país, otros tuvimos que trabajar (alguien tiene que hacer el trabajo sucio), pero disfrutamos de la soledad que en esta ciudad sí se disfruta, y bueno aunque otros le agradecen el descanso al Día de la Constitución, otros más recordaron a uno de los ídolos mexicanos de todos los tiempos: El Santo.
Rodolfo Guzmán Huerta debutó como El Santo en el 26 de julio de 1942 en la Arena México y murió el 5 de febrero de 1984, y desde su debut comenzó a forjar una leyenda que se extendería gracias al cine.
Yo tengo muy buenos recuerdos del luchador, no voy a negar que sus películas ahora se me hacen muy fantasiosas, pero recuerdo que de niño me parecía fascinantes, era la ciencia ficción mexicana, computadoras enormes con focos que prendían y apagan sin sentido, enormes interruptores que de activarse destruirían el mundo, bellas chicas y autos de fábula.
Del estilo de vida que se recreó en esas cintas hemos cuñado muchas frases, como esa que decimos cada que vemos un auto convertible, de esos clásicos decimos, que decimos es el auto del Santo, o cuando vemos las primeras computadoras decimos que son las de las películas del Santo y cosas así, es algo que todo mundo hemos visto y que nadie puede negar. Nadie puede decir que no ha visto una película del Santo.
Quizá las nuevas generaciones no lo han hecho, pero últimamente he visto que los centros comerciales y las tiendas de dvd´s tienen en sus aparadores ediciones remasterizadas de sus películas, no sé si se esté poniendo de moda o se esté recordando al ídolo pero es innegable que es parte de la historia fílmica de nuestro país.
Yo no soy muy asiduo a las películas de terror, porque de verdad no me espantan, ya tengo tan presente que todo lo que ocurre en ellas son efectos especiales que voy predispuesto a desacreditarlas, pero si alguna vez me espantaron sin duda fueron los monstruos que vi en las cintas del Enmascarado de Plata. Santo contra las momias de Guanajuato para mi fue de verdad una experiencia de terror, que a la distancia es sólo un buen recuerdo del luchador.
Y bueno, cada uno lo recordamos a nuestra manera, yo a través de sus cintas, ya que la lucha libre no es algo que me llamé la atención, otros que lo vieron en los cuadriláteros resaltan su fortaleza de atleta, y para otros más es un objeto de estudio de la historia del cine.
Yo me quedo con el actor detrás de la máscara, no sé si fue buen luchador, lo que si sé es que sus películas marcaron historia y hasta la fecha siguen siendo exhibidas, al menos en Europa y con éxito, aunque aquí lo veamos sólo desde el clóset, ya que pocos aceptan que este género es de su agrado.
(Gabriel Rojas)