Damas de compañía, prostitutas caras o artistas, todo eso se le atribuye a las geishas. En realidad las primeras no eran mujeres, eran hombres llamados "honko", los cuales se encargaban de divertir a los clientes de bares de la clase alta con sus dotes de bailarines y comediantes.
Con los años las mujeres geisha empezarían a ganar terreno a los hombres, las cuales servían para recrear un clima de placer y belleza a partir de las artes.
Eran mujeres educadas desde pequeñas para el arte de servir el té, bailar, tocar un instrumento y sobre todo especialistas en los secretos del amor, así como excelentes charladoras y totalmente discretas. Lo que escuchaban o veían en alguna de las reuniones que asistían era celosamente guardado hasta la tumba.
Para después de la segunda guerra mundial se empieza a deformar el término y las geishas son totalmente relacionadas con la prostitución, nada que ver con las mujeres preparadas, sometidas a la disciplina, al servicio, a la perfección de sus funciones y su arte.
Para este tiempo y los occidentales, una geisha significa muchas veces una prostituta pintada con la cara blanca y kimono. Cuando en realidad son artistas que saben dedicar su vida a despertar los sentidos del sexo opuesto.
Todo esto es en relación por la película Memorias de una Geisha, del director Rob Marshall, una adaptación cinematográfica de la conocida novela de Arthur Golden.
La historia se desarrolla en el Japón, donde dos pequeñas hermanas son vendidas para que su familia pueda afrontar la grave enfermedad de su madre. Así es como Chiyo (la protagonista) llega a Kioto, donde es separada de su hermana y vendida a una okiya, una familia de geishas, donde será entrenada para convertirse en una de ellas.
El aprendizaje de una geisha, como su vida, es muy duro. Chiyo deberá atender a las geishas de su okiya, así como acudir a una escuela, para aprender música, danza, conversación. Todo lo que debe saber una geisha para entretener a sus clientes.
Chiyo no está convencida de ser geisha y en su afán de querer huir de la casa donde trabaja, se encuentra por casualidad con un desconocido, el cual cambia su destino y le da fuerzas y esperanza a la tímida Chiyo para transformarse en la conocida geisha Sayuri.
Memorias de una Geisha es narrada por su protagonistas que va contando su vida cronológicamente, cuando se enamora, cuando sufre, cuando pierde su virginidad.
La cinta muestra el mundo secreto de las geishas, el lejano oriente y costumbres rodeadas de misterio. De los puntos a resaltar en el filme es la fotografía, una fotografía cuidada que te traslada por momentos al bello Japón.
El vestuario y el maquillaje es otro de los puntos destacables, sobre todo por los bellos kimonos y excelente maquillaje de las actrices que hacen de ellas verdaderas muñecas de porcelana.
Quizás lo negativo de la película radica primero en lo larga que es, después la historia de amor, de ese amor imposible, sufrido, al puro y clásico estilo de la escritora Yolanda Vargas Dulche (El Pecado de Oyuki).
Para terminar como diría Marlene Dietrich: “A cualquier mujer le gustaría ser fiel. Lo difícil es hallar el hombre a quien serle fiel”. Por eso geishas hacen felices a muchos, porque no han encontrado al Conejo correcto.
(Óscar Cedillo / El Conejo)
Aclaración: En el post de La Dama del Silencio ya se puso el crédito a la Revista Cinefagia y Ricardo Ham