No son fan de las comedias románticas pero la que ha llamado mi atención Orgullo y prejuicio, una historia en donde se desenvuelven enredos, malentendidos pero con el único propósito de que el amor triunfe.
Está bien, tal vez esas primeras ideas son muy idealizadas en el amor rosa, pero la adaptación de la novela de Jane Austen en la búsqueda del marido salvador es exquisita.
Debo confesar que en un principio creí que era un intento de Mujercitas (Louisa May Alcott, 1868-1869) pero en este caso no está implícito el drama de la madre por confiar en que el marido regrese sano y salvo de la guerra. Aquí, el papel de la progenitora es la casadera, lo cual es divertido porque todos, en algún momento de la vida, nos enfrentamos a la pregunta de “¿para cuándo la boda?”.
Desde aquí parte toda la diversión: la hija que rehúsa el casarse por estar en edad, las hijas que sí sueñan con el príncipe azul, la que por timidez casi deja al novio… si no es un reflejo de la vida, sí es un caso de “al primo de un amigo” (jajaj... ese comercial es divertido).
Punto aparte es la actuación de Keira Knightley, la “heroína” es sumamente fantástica: sencillez, no hay otra palabra para describir cómo resuelve las situaciones complejas de la familia y, especialmente, para caer rendida ante el hombre que dice odiar (del odio al amor hay un solo paso, sí).
En verdad, es un filme que por ser de época, en verdad vale la pena gastar 127 inutos sentados en la butaca con palomitas, refresco y helado, o como gusten comer en el cine.
(Guillermina Ortiz Cortez)