GUANAJUATO, Mex.- No sólo los angostos callejones hacen famosa a la ciudad de Guanajuato. Tampoco las mujeres hermosas que abundan en la entidad. Ni el pasado minero de una ciudad que cada vez más se expande sin control.
Son los mitos. Las leyendas. Metarelatos edifican a las grandes ciudades.
A Roma, por ejemplo, la fundaron dos gemelos, cuenta la historia. A la ciudad de México, la vieja y poderosa Tenochtitlán, el signo lumínico o profético de una águila que devoraba a una serpiente.
El museo de las momias que se encuentra en la entidad encierra muchos rumores, chismes, cotilleos de lavadero, venganzas deshuesadas de supuestos monjes que se le aparecen a los visitantes de ese antiguo cementerio. Mitos urbanos se han gestado en este cementerio como el de aquella curandera de estatura mediana, cara redonda y sangre indígena de regímenes oscuros y pactos con entidades malignas que vivía en el Callejón Ave María a principios de siglo XX.
Su cuerpo momificado aún produce escalofríos.
“La doña” sale por las mañanas, dice un viejo caballero que vende tamales a dos cuadras de la citada callejuela, justo antes de que el sol de imponga victorioso y la luna espere rencorosa su turno. “¿Para qué sale? No lo sabemos”. Pendientes irresolubles. Antiquísimas venganzas.
Así, cuando llegan miles de jóvenes en octubre para acudir al Festival Internacional Cervantino, algunos aseguran que la mujer anciana se pierde entre la muchedumbre con su rebozo gris oscuro, roto por el tiempo. Algunos que saben de esta historia han creído reconocerla; sin embargo, han dudado.
Quienes sí la reconocen, mudos se han quedado.