Gerardo Jiménez Valdés
El lunes un grupo armado irrumpió en plena sesión de un cabildo municipal en Colombia y asesinó a tiros a nueve concejales. Bueno, mató a ocho e hirió a otros dos, pero uno de éstos murió al día siguiente. ¿Podría en México ocurrir algo similar?
Veamos cómo fue la ‘película’: En el pueblo de Rivera, a 350 kilómetros al sudoeste de Bogotá, el cabildo se reunió en un club social para tratar sobre temas de agricultura, piscicultura y ganadería locales. Lo insólito del lugar de la junta obedecía a que había obras en la sede del ayuntamiento. Ahí, mientras hablaban de vacas, hortalizas y peces, un comando de las FARC, integrado por hombres vestidos de negro y con armas de alto poder, entró en plena sesión y comenzó a disparar a diestra y siniestra con el resultado ya mencionado.
Todos los días tenemos ejecuciones y ajustes de cuentas en nuestro pacífico y bucólico país, me dirán. Los ‘narcos’ se matan entre ellos, y también aniquilan a policías a veces incluso con granadas y bazookas. Pero no hemos llegado al extremo de que interrumpan una reunión del presidente municipal con sus regidores para masacrarlos a todos.
Además, tenemos ‘narcos’ que por matar matan hasta a periodistas adentro de sus periódicos, pero no hay en México una guerrilla organizada como un verdadero ejército, como es el caso de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) en el país andino.
Sin embargo, esta semana se han difundido informaciones que hacen pensar que un hecho como el ocurrido en el pueblo de Rivera no es imposible que suceda en nuestro país. Por ejemplo, según el secretario particular del ex presidente Ernesto Zedillo, éste se libró de un intento de asesinato por parte del Ejército Popular Revolucionario (EPR) en el Ajusco, en 1996. El ataque se frustró por casualidad, porque el hijo de Zedillo se sacó malas calificaciones y el mandatario suspendió su habitual paseo en bicicleta en el bosque del sur de la ciudad de México.
Por otra parte, México tiene “enormes espacios en los que no hay gobierno”. Lo dijo el miércoles la subsecretaría estadounidense de Estado para Asuntos Internacionales de Narcóticos. Si en esos espacios no hay gobierno, es porque los controlan grupos armados de narcotraficantes. Esto último no lo dijo la subsecretaria Anne Patterson, pero es fácil deducirlo de sus palabras.
Así que tenemos dos elementos (grupos armados y vacío de poder) que combinados dan las condiciones de posibilidad para una matanza como la de Rivera.
Colombia tenía los carteles de la droga más poderosos del continente y también ostentaba el récord de secuestros. En ambos casos México ya lo desbancó, así que ¿por qué no habría de suceder lo mismo con la violencia política? Antecedentes muy meritorios tenemos: a principios de este sexenio el alcalde de Atizapán de Zaragoza mandó a matar a una edil porque investigaba la corrupción y los malos manejos en el ayuntamiento. Más conocido es el asesinato de Luis Donaldo Colosio, a la sazón (1994) candidato del PRI a la presidencia de la República. A plena luz del día, rodeado de gente y con la televisión presente.
Así que no creo que sea exagerado parafrasear el refrán que dice: cuando los concejales de tu vecino veas matar, pon los tuyos a remojar.