Pasé meses diseñando un modelo para este largo viaje, elaboré itinerarios y calendarios y herbolarios y bestiarios que terminé mandando al osario: decidí que necesitaba mucha flexibilidad. El único objetivo fijo que sobrevivió fue estar en la zona del tsunami, ahora.
Mamallapuram es una comunidad de pescadores en la costa oriental de India, al sur de Chennai (antes Madrás), y recibió de frente las embestidas del tsunami. En su playa hay algunos montones de escombros de las construcciones derribadas, pero la evidencia más clara de lo que ocurrió son decenas de lanchas nuevas, de colores muy vivos, alineadas sobre la arena y con las firmas de las diversas entidades que las donaron. Una de ellas fue regalada por Liechtenstein. Es la primera prueba que veo de que ese país europeo existe --¿todos saben dónde está?
Las barcas, sin embargo, parece que son demasiado ligeras y se voltean con facilidad. Además, el gobierno realiza la entrega de las donaciones y otra ayuda a través de personas que la aprovechan para ganar apoyos políticos y la asignan a la gente bajo criterios caprichosos, según me dijo Doss Kumar, un pescador damnificado que me invitó a su choza, una de las viviendas provisionales que ya se van haciendo permanentes. Su casa fue arrastrada por las olas, pero no perdió más porque él estaba en altamar y su mujer y sus dos simpáticos hijos, tierra adentro.
El tsunami, junto a tantas otras tragedias cotidianas de este sufrido territorio indio, dejó víctimas entre los niños. Por invitación del reverendo Bilaventhiran, Samantha y yo visitamos el orfanato Elkanah. De alguna forma, no imaginamos lo que íbamos a encontrar, pero pudimos haberlo previsto: los niños no nos vieron como a dos periodistas, sino que imaginaron a un matrimonio occidental interesado en adoptarlos. Jugaron con nosotros, se las arreglaron para obtener todo el cariño que pudiéramos darles en tan poco tiempo e incluso repitieron unas tablas de baile que habían ensayado para un festival anterior. Es muy fuerte la sensación que te produce un chiquito que te come a besos y te persigue en el intento de que lo abraces y mimes.
El evento más importante tuvo lugar en la esquina principal (creo que no hay plaza) de Mamallapuram, donde cientos de personas acudieron para recordar a sus muertos. Con flores, velas y mucho incienso, ministros de religión hindú, católica y musulmana se unieron en oración, personas comunes pasaron a hablar de sus familiares fallecidos y autoridades dirigieron discursos.
Lo más curioso es que un grupo de jóvenes montó una obra en donde representaron la vida cotidiana antes del tsunami, el momento en que pegó la ola, los cadáveres dispersos y el dolor de la gente que iba a encontrarlos. El público se rió mucho con la primera parte, pero lloró con lo demás, a pesar de la sencillez del montaje. Nos pareció extraño que se quisiera revivir ese dolor tan fresco.