Por Domingo Medina G.
Tomo prestado el título de la obra de Michael Ende, aunque no me voy a referir a ella. De hecho, de lo que hablaré más adelante no tiene nada que ver con lo que el autor plasmó en las páginas de su libro. Voy a hablar de Iraq, desastre desde todos los puntos de vista (excepto, claro está, desde el punto de vista económico) y, por ello mismo, opuesto a todo lo que sucede en la ficción del alemán.
Esto del desastre de Iraq se sabía desde hace muchísimo tiempo. Lo sabían Bush y sus halcones desde que todos los organismos de inteligencia les dijeron que Saddam no tenía armas de destrucción masiva. Pero ellos estaban empeñados en hacer que la historia llegara a su fin, tal como había profetizado (o más bien decretado) Francis Fukuyama hace poco más de una década.
Ahora resulta que el intelectual estadounidense ha descubierto lo que ya nosotros sabíamos: Bush no sólo nos engaño con respecto a Iraq, sino que él mismo se equivocó. Si pretendía que la democracia y los valores liberales que Fukuyama defiende y en su opinión Estados Unidos encarna triunfaran en el mundo, lo que ha logrado es todo lo contrario.
Según Fukuyama, la guerra de Iraq es la culpable de la pérdida de credibilidad y autoridad moral de los estados Unidos. También es culpable del antiamericanismo imperante en el mundo, especialmente en los países araboislámicos. "La retórica de la Cuarta Guerra Mundial y la guerra global contra el terrorismo y la visión apocalíptica de la amenaza del mundo islámico" fueron exageradas sin medida y se inflaron los peligros se permite decir Fukuyama.
Se le olvida decir a Mr. Fukuyama que ni siquiera se encontraron las armas de destrucción masiva que nos dijeron tenía Saddam. Y lo que es peor aún: ahora nos dicen que la amenaza es Irán, quien no contento con fabricar armas nucleares es el proveedor de los componentes de los explosivos utilizados por los insurgentes en Iraq.
Así que, más que al fin de la historia el mundo entero asiste a la puesta en escena de esa historia sin fin en la que el hegemón del norte inventa acusaciones, una panda de estúpidos (pero muy bien pagados) se encarga de repetirlas, otra se encarga de justificarlas (como Fukuyama) y los más tienen que sufrir las consecuencia. (Es inútil enumerar aquí los veces que se ha repetido al historia: Chile, Nicaragua, Panamá, Iraq…) Hasta que se harta e inventa nuevas acusaciones contra otro país…
Y a los Estados Unidos parece no importarle que sea tan evidente su cinismo. Me pregunto si a alguien más, excluyendo a las víctimas, le importa.