Por Manolo Vergara G.
Ir al cine para ver un filme es un deleite, viajar unas cuantas horas fuera de la ciudad, y en fin de semana, no son la excepción. Los pasados días, con un cambio de rutina, me fui a Guadalajara. Tuve dos motivos en mente: ver antes que nadie los filmes nacionales que pronto arribaran a las salas o a los circuitos cinefílicos y conocer un poco los gusto de iberoamérica, que también se dan cita ahí. Los paseo son breves, lector CINÉFILO. Con una pizca uno se emboba, se enamora o se despabila.
El viernes muy temprano, partí con el mood festivo a la ciudad de Toluca. Los próximos cuarenta y cinco minutos iba preparando mis ideas para experimentar esta ida en su sentido primitivo, dejarme tocar por el evento.
Volaba en una de esos modernos aviones de tarifas baratas.
Con el calor en la popa de la camioneta de traslado me puse a la espera de los programas, era una agenda ambiciosa. Entre pláticas del festival con otros colegas de televisión del Estado de México, no sabíamos por donde andar.
En las puertas de la sala tres de unos afamados cines de cadena nacional, dentro del Centro Magno, se formaba una rola de preguntas, respuestas, risas y comentarios sobre Apocalipsur. Su director Javier Mejía y su primer actor “a broma” y comprometidos cantaban sobre la situación de su país. Las drogas, el gobierno, los jóvenes, el estado del miedo y la actualidad me hicieron pensar sobre lo similar en la apestosa capital de la que me había escapado por necedad.
Antes de poder reacomodar todo lo dicho, se me vine la pantalla de nuevo encima con Crimen delicado de Beto Brant. Repetimos la historia, pregunta, comentario, pregunta, silencio hasta que de entre ese barullo pude apreciar lo bello y real de la actriz. Actriz, lindura de veintisiete años, con una pierna amputada que caminaba con la decencia de toda dama acompañada por pintor mexicano Felipe Ehrenberg. Artista que reside en Brasil, por su trabajo en el servicio gubernamental exterior.
Entre la luz y la oscuridad de las sensaciones, una mísera interrupción acordada fue la comida. Un rato de secado de dientes, más el respectivo arreglo de los enseres personales me llevo a ver en los folletos cual era el itinerario sugerido. La noche se vestía de gala con la Inauguración del festival. Acudí presto.
Las siete con treinta minutos marco el inicio del tradicional banderazo de salida de las presentaciones, o bautizos oficiales, de todos los filmes de nuestros país. La homóloga alfombra roja postrada en la antesala del Teatro Diana, una estructura “cuasimoderna” y recta albergo a las personalidades del medio del cine. Caras de dominio público, patrocinadores, autoridades y hacedores de cine, aclamaron a los oradores de honor: Damián Bichir, Blanca Guerra y Ana Claudia Talancón. En esos sesenta minutos, se llamó a la fiesta.
Que mejor para cerrar el evento, además del filme inaugural de Iberia de Carlos Saura, con la condecoración de Silvia Pinal con la Orden de Isabel la Católica, en un discurso sentimental donde expreso la gratitud infinita, como esta cultura sabe hacerlo no sólo melodramáticamente, este nombramiento.
Sí no puede respirar al terminar de leer ésto, no le culpo, es efecto del viaje. Le estamos preparando los debidos audios y fotografías para que este paseo le sea tan emocionante cómo lo estuvo el fin de semana.
Siga en el viaje.
CONVOCATORIA PARA “LOS JUEVES DEL CINÉFILO”
A todo los CINÉFILOS UNIVERSALES se les convoca a mandar sus colaboraciones, para ser publicadas todos los jueves, en la sección en cuestión, con la siguientes condiciones:
1. Una (1) cuartilla de extensión, en letra Arial 12, a espacio sencillo.
2. Se puede escribir de cualquier cosa relacionada al cine, el tema es libre; siempre y cuando el filme, proyecto o evento esté sucediendo, esté en cartelera o sea posible acceder a él.