Si Bangalore es la ciudad que simboliza el despegue de India hacia las nuevas tecnologías y el siglo XXI, hay que buscar mucho para verlo. Hoy es mi último día en este país y me voy con muchas dudas, a pesar de que los cálculos prospectivos más aceptados por los analistas internacionales dicen que India será la tercera economía mundial en 40 años, después de China y EU, y por arriba de Japón y los países europeos.
Es también el momento de la despedida. Sam, que es una gran mujer y excelente compañera de viaje, insistió en traerme hasta el aeropuerto (desde donde vuelo a Mumbai, y de ahí a Bangkok), a pesar de que ella se queda un día más. Esperó a que cruzara seguridad y después se fue, volteando a alzar la mano de vez en vez.
Qué tristeza. Ya la extraño. Me había logrado acostumbrar a viajar solo, incluso a preferirlo en ciertos momentos. Pero llegan a bien acompañarlo a uno por algunas semanas y, ¡cuaz!, las armaduras se caen y al final nos quedamos en cueros, con el viento soplando frío.
Claro que es una metáfora, porque no hay viento (ojalá) y el termómetro ya se derritió. En la pista del aeropuerto hay gente trabajando bajo el sol, construyen algo con las manos y las mujeres con sus saris cargan arena en la cabeza... ¿Qué digo? ¿En el aeropuerto de la ciudad de la tecnología de punta? Pues sí. Técnicas de la edad de piedra.
En Europa y EU, decir que tu empleo se "bangalorizó" (went Bangalored) es que tu empresa contrató a alguien en India para que haga tu trabajo por menos dinero (y tú, a la calle). Pero aquí, las ciudades rivales (Hyderabad, Pune, Chennai, Kolkata, Mumbai, Delhi y otras: la competencia entre ellas para aprovechar los problemas de Bangalore y atraer inversión y compañías extranjeras es abierta y despiadada, no les importa destrozarse, como si no fueran parte del mismo país; saben que ahora es el momento en que los mayores flujos vendrán y que el que se rezague eventualmente tendrá que conformarse a recibir chorritos) popularizaron otra acepción: "bangalorizarse" es sinónimo de crecimiento económico desordenado, caos en los servicios y desastre vial.
El problema es que eso se puede decir de todo el país, no se ven planificaciones ni estrategias de largo plazo para administrar el crecimiento. El nuevo gobierno del primer ministro Manmohan Singh (que como ministro de Finanzas, hace década y media, operó la liberalización de la economía) está impulsando grandes proyectos, por ejemplo de infraestructura carretera, pero a nivel local, que aquí importa mucho, lo que destaca más es la descoordinación, la corrupción y las escaramuzas políticas. El gran milagro indio --las industrias del software, aeronáutica, farmacéutica y de centros de atención telefónica, entre otros-- emplea a un millón de personas y genera tres millones de trabajos indirectos... ¿Cuántas veces se puede multiplicar eso? ¿Cuántos empleos quedan en los países ricos que se puedan bangalorizar? Porque actualmente, sólo equivalen al 1% de la fuerza de trabajo india, esto es la centésima parte de los 400 millones de indios que quieren laborar, y de los cuales la mayoría está en el desempleo o vive con salarios de miseria. Verdaderamente de miseria, incluso en un país barato como éste. (Continúa el próximo lunes.)