Olvidando un viernes que me deja perplejo y después de unos huevos rancheros, me volví a adentrar en los confines de la sala. Mi cerebro registraba los rallos del sol, ya denso para esas hora; mis pasos lentos y mis sucios, pero útiles, lentes de aumento retocaban el cuadro. La programación de ese día era entrañable: El Cielo Dividido y Sólo Dios Sabe.
El café visual después de esa caminata, que no logro dejarme digerir el desayuno, sería el de El Cielo Dividido de Julián Hernández. Julián Hernández, director, y Roberto Fiesco, director ejecutivo, de unos dos a tres años a la fecha, se han convertido en nombres obligados para la cinematografía moderna en nuestro país.
La plasticidad de esta mancuerna, una con la mente activa y la otra con el capital real, es la producción constante e ininterrumpida que resulta en: imágenes horizontales y suavemente contemplativas, sobre la nada y el conflicto de las relaciones homosexuales.
Yo seguía la trama, el espacio y los personajes, no lograba del todo hacer que tuvieran un sentido. Lo que estábamos viendo entraba dentro de la categoría: relato visual, sin vestigios de narrativa literaria. La luz regreso, saque mi programa y leí “en su haber cuenta con Hubo un tiempo en que los sueños dieron paso a largas noches de insomnio (1998) y Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor (2003)”; influido por esas ideas, me ataco la mente para tomar la foto de este blog.
Consecutivamente, y saltando la obligada rueda de prensa, llegó el filme codiciado de esos momentos: Sólo Dios Sabe. Él trata, lo digo por el extracto de audio
que a continuación se muestra, sobre el encuentro de dos jóvenes, que entre el amor, la familia, la fe, las tradición, los viajes y la fertilidad, logran conciliarse de sus antiguos miedos y secretos personales. Al filo de la butaca me saboreo el final de este proyecto, estoy complacido. Deja un sensación de descanso y encuentro insustituible. Leo mi programa: “de él tenemos noticias de Bajo California: el límite del tiempo (1998), Promises (2001), La línea imaginaria (2005).” Esperemos siga por este camino.
La que sigue es una verdad viciosa: los festivales ameritan vivir cine, comer cine, platicar de cine, soñar de cine y hartarse de cine.
Este ritual excesivo es necesario para tener una introspección a la hora de percibir el arte de las imágenes en movimiento. Las películas son un poco las obras literarias de la visualidad. Veremos filmes parecidos, pero pocas veces idénticos, similares o “refritos” pero originales, bello, grotescos, sublimes, eternos, locales, instantáneos, maniqueos o depravados.
El lunes, la última de estas tres partes sobre el fin de semana que todo cinéfilo debe darse el tiempo de experimentar o, para los no tan cinéfilos, la excusa para salir un poco de sus vidas en movimiento.
Camino al ras del calor, en la calle Yáñez, en una zona citadina.
Guadalajara es amigable, lo más extraño, es que no he hablado con ningún “jalisquillo”.
Breves de la Cartelera
En cine:
Con una salvaje publicidad, de impacto, las reverberaciones de Colombia-México-España-Francia nos pone a la vista ROSARIO TIJERAS de Emilio Maillé, basada en una novela homónima, relata la vida de una “sicaria” del narcotráfico y sus violentas y candentes relaciones con dos jóvenes. Para público de criterio más allá de la normalidad maniquea.
En televisión:
LA PERLA de Emilio “el Indio” Fernández con Pedro Armendáriz, María Elena Márquez y Fernando Wagner, es la referencia obligada para todos los fanáticos de cine de “oro” de los años cuarentas. Es unas chulada técnica.
CONVOCATORIA PARA “LOS JUEVES DEL CINÉFILO”
A todo los CINÉFILOS UNIVERSALES se les convoca a mandar sus colaboraciones, para ser publicadas todos los jueves, en la sección en cuestión, con la siguientes condiciones:
1. Una (1) cuartilla de extensión, en letra Arial 12, a espacio sencillo.
2. Se puede escribir de cualquier cosa relacionada al cine, el tema es libre; siempre y cuando el filme, proyecto o evento esté sucediendo, esté en cartelera o sea posible acceder a él.