Periodistas ayudan a periodistas. En estos días tuve contacto con dos mujeres tai y un australiano que me ayudaron a empezar a observar la sociedad tai, en los dos primeros casos, y que me contó un chiste sobre "mexicanos".
May es una amante de la naturaleza. Me llevó a la librería de una gran tienda departamental para mostrarme el montón de libros de su autoría, sobre jardines e interiores de casas, que están actualmente en exhibición y venta. Le pregunté cuántos había publicado. "No sé. ¿Como doce?" Me regaló uno sobre casas de farangs (occidentales) en Tailandia. Qué buen gusto.
También me invitó la comida. Y a duras penas me dejó pagar la cuenta del café que tomamos más tarde, en un local muy fino y con poca clientela. Por ahí descubrí una de las diferencias culturales que generan choques entre farangs y tais: aquí, las líneas de las relaciones jerárquicas están muy bien definidas y no hay que traspasarlas.
En primera instancia, son de edad. La gente antepone títulos según se dirige a personas mayores o menores. Y hay responsabilidades: así como los menores deben obediencia y respeto, los mayores tienen que hacerse cargo de los chicos, tutelarlos y protegerlos.
También existe esa relación entre personas con dinero y sin él: cuando un grupo va a comer y hay un comensal ostensiblemente más adinerado, todo el mundo da por hecho de que va a pagar por todos.
Ésa es la razón de que May, unos diez años mayor que yo, se hiciera cargo de las cuentas. Y de que, para mi sorpresa, me explicara y solicitara que, siendo ella mayor, antepusiera un ceremonioso "pi" a su nombre. Yo pensé que lo decía de broma. Ella ha viajado mucho y por alguna ignota razón --acabo de darme cuenta--, los viajeros occidentales siempre esperamos que las personas que conocen las formas y los valores occidentales los acepten como comunes, como si existiera alguna especie de principio natural en ellos.
Inconscientemente, yo esperaba que May me explicara las costumbres tais pero que --entre nosotros, como viajeros-- las abandonara para ajustarse conmigo a esa equívoca noción de "costumbres universales" en las que entre ella y yo debe crearse una relación horizontal.
Pues nada. Era en serio. Estamos en Tailandia, el que se ajusta soy yo, la relación es vertical y yo la llamo pi May.
Hay que decir que pi May se esfuerza en cumplir ejemplarmente su papel: todos los días recibo mensajes SMS en el celular (ya tengo una tarjeta SIM -chip- local) en los que me sugiere alojamientos, restaurantes y museos.
Además me conectó con Piak, una periodista lesbiana que me explicó que la sociedad tailandesa no tiene problemas con los homosexuales. Yo había notado la presencia de muchos, principalmente hombres, y con diferentes niveles de feminidad, travestis y transexuales incluidos.
Esta tolerancia les ha permitido superar los encierros donde las sociedades occidentales suelen confinarlos --discotecas, cabarets y zonas rojas-- y participar normalmente de la vida social: trabajan de camareros, vendedores, relaciones públicas, cazaturistas, etc. No importa su apariencia.
En uno de los restaurantes a los que suelo ir trabaja lo que yo pensé que era una preciosa chica de unos 17 años, fina, femenina y tímida. Ayer le tocó atenderme y casi salté al escuchar su voz, grave y masculina. Por fortuna, sus opciones personales no han sido un obstáculo para encontrar trabajo y ahí está, tan contenta.
Piak me reveló otra clave de la sociedad tai. Ella escribe guías de viaje. Hace poco publicó una de Londres y ahora está haciendo la de París. Pero es tanto lo que se escribe sobre París, y tantas las guías de viaje, que le pregunté si no era más sencillo traducir al tai las guías en francés o inglés. Pues no. El viajero tai tiene particularidades e intereses que no se reflejan en las guías farangs. ¿Y de qué se trata? De las compras, colega, ¡las compras!
Piak dedica mucho más tiempo a recorrer centros comerciales parisinos, tiendas y mercados, que a visitar museos. Una guía para tais debe dejarle claro al lector dónde se puede comprar esto y dónde aquello, si se puede regatear y cómo, maneras de aprovechar las rebajas, características y servicios de los malls, rutas de compras... todo para ir de shopping.
¡Con razón! Ya me parecía a mí que Bangkok está saturado de centros comerciales de súperlujo. El nivel de ingresos de los tais debe ser equivalente a un tercio del de los mexicanos, y aún así el montón de malls está repleto de gente todos los días. Y los mercados callejeros, y las tiendas... a los tais les fascina comprar.
A Ron, el periodista australiano, todavía no lo he podido conocer. Una cosa u otra lo ha impedido. Pero igual ya salió el chiste de mexicanos. Lo contacté a través de un amigo de Samantha. Se sorprendió cuando supo que soy mexicano "de México". Él es de Sidney, una ciudad al norte de Melbourne, la mayor metrópoli australiana. Los de Sidney llaman mexicanos a los de Melbourne porque "vienen desde el sur de la frontera. Cuando me dijeron que me llamaría un periodista mexicano, pensé que sería un australiano de Melbourne".
Pues nada, compita, soy mexicano de los de a devis. Y si no me crees, ve sacando la tequila, a ver quién se pone más burro. ¡Ajúa!