Por Javier Távara
El próximo domingo 9 de abril, el pueblo peruano elegirá su congreso unicameral y al presidente de la República para los próximos 5 años. En caso de que ningún candidato presidencial obtenga más del 50% de los votos, los dos primeros se disputarán la presidencia en una segunda vuelta, que al parecer será inevitable.
Alejandro Toledo termina un impopular mandato, con una política social deficitaria, aunque también hay que decir que durante su gobierno el país ha tenido un crecimiento económico continuado y deja un país más rico que el que encontró. Pero no se han atenuado las profundas desigualdades. También deja prisionero al ex presidente Fujimori, que de 1990 a 2001 dirigió un régimen cleptómano y antidemocrático, hasta que la difusión de corruptelas grabadas en video lo obligaron a refugiarse en Japón.
Tres candidatos encabezan las encuestas: el ex militar Ollanta Humala, la abogada conservadora Lourdes Flores y el ex presidente Alan García, también abogado.
Tercero en las encuestas, el socialdemócrata Alan García pide a los peruanos una segunda oportunidad. El hecho de que mantenga un 23% de la intención de voto obedece a que ha centrado su campaña en el electorado joven que no recuerda su nefasto gobierno que arruinó el país (de 1985 a 1990), y a que su partido, el APRA de Haya de la Torre, fundado durante su exilio en México en 1924, mantiene una sólida organización.
A García le sigue apoyando fielmente la costa norte peruana. En esta región se expandió hasta mediados del siglo XV el gran reino Chimú. Entonces, este reino fue conquistado por el Inca Tupac Yupanqui tras el largo asedio de Chan Chan, la extensa capital Chimú. Muy cerca de allí, los españoles fundaron Trujillo -actualmente tercera ciudad del país- ciudad que brinda su apoyo a Alan García a pesar que su anterior gobierno sólo puede calificarse de catastrófico. En el resto del país, se recela del candidato aprista y se piensa que su lugar en las encuestas obedece a su extraordinario poder de persuasión. Es un encantador de serpientes, dicen.
Segunda en las preferencias con un 26%, aparece la conservadora Lourdes Flores. Aunque en su campaña ha puesto un marcado acento social, es vista como la candidata de la oligarquía y el Opus Dei. Ella tiene el beneplácito de los inversores extranjeros con los que el país ha conseguido boyantes cifras macroeconómicas. Pero la cruda realidad indica que la mitad de los peruanos continúan viviendo bajo el umbral de la pobreza. El modelo económico se concentra en un racimo de actividades exportadoras y los conservadores defienden que la riqueza terminará fluyendo desde el vértice de la pirámide hasta la base social. Es el famoso chorreo. La mayoría de peruanos pobres, no está muy convencido de que el chorreo se produzca y prefiere otras opciones.
Lourdes Flores es la candidata preferida en Lima. La capital fundada por Pizarro en 1535, durante casi tres siglos fue el centro de la dominación colonial en América del Sur y allí medraron los españoles americanos a costa de los indígenas, hasta que los ejércitos libertadores de San Martín y Bolívar recalaron en el Perú en 1821 y 1824 para obligarles a finiquitar el próspero negocio que mantenían con España. Actualmente se concentra en Lima un tercio de la población peruana y buena parte de limeños malviven sin servicios esenciales. Son ellos quienes decidirán si esperan al chorreo u optan por un cambio de modelo.
El primero en lista es Ollanta Humala, con un 31%. Su discurso populista y antisistema ha seducido a millones de peruanos que padecen la exclusión social como algo estructural. Su plan de gobierno es principalmente retórico y poco puede saberse de lo que haría en caso de llegar al poder. Humala pretende la refundación de la República para reivindicar a los que secularmente han sido excluidos. Si se conoce un poco la Historia, se puede afirmar que los militares no son los más indicados para hablar de viejas reivindicaciones. Los periodos militaristas han sido una constante en la República y han impedido el desarrollo de una sociedad democrática, moderna e igualitaria. Acusado de violaciones de DDHH cometidas durante sus años en el ejército, Humala maneja un lenguaje autoritario y nacionalista que supone una seria preocupación para los inversores extranjeros. Además parece poco probable que su proyecto de refundación tenga suficiente con los cinco años que le otorga el cargo y es de suponer que Humala intentará hacerse una constitución a su medida. Desde Venezuela, Hugo Chávez le apoya con vehemencia.
Los apoyos de Humala se concentran en Arequipa, la hermosa segunda ciudad del país; en el Cuzco, la capital imperial de los incas y en el sur andino quechua y aymará. Existe por esas tierras la conciencia de un pasado incaico de esplendor y la idea de un retorno a las raíces indígenas del Perú tiene calado aún en estos tiempos en los que el gobierno de Lima defiende el TLC y la globalización. Humala enarbola la bandera indigenista y se disfraza de Inca.
Hay también otros candidatos, denominados pitufos por su escaso tamaño en las encuestas. Analistas e intelectuales de postín lamentan que no tengan más apoyos algunos experimentados políticos como el ex presidente Valentín Paniagua, Susana Villarán ó Javier Diez Canseco. Un 25% de indecisos aún dan esperanzas a los candidatos pitufos, pero todo parece indicar que el pueblo peruano se decantará por el populismo, por la espera del chorreo o por el encantador de serpientes.