En la década de los 70 el caricaturista Eduardo del Río (Rius) lanzó su historieta ‘Los agachados’ que venía a ocupar el lugar de su anterior publicación ‘Los supermachos’, que le fue arrebatada por el gobierno y un editor corrupto y dócil al poder.
El título de ‘Los agachados’ hacía alusión a una característica que él creía ver en el talante de los mexicanos: la mansedumbre y la pasividad ante la opresión. Desgraciadamente ese parecía ser nuestro sino. Setenta o más años de priísmo están ahí para atestiguarlo. Y seis más de foxismo, por si a alguien le queda duda.
Pero hete aquí que los aquellos mexicanos que prefirieron irse a Estados Unidos a buscar las oportunidades que su país les negaba, parecen haber despertado de ese letargo que era como un maleficio nacional y salieron a las calles por cientos de miles en Los Ángeles el 25 de marzo y por millones en más de cien ciudades de la Unión Americana el 10 de abril. Y ahora están organizando un gran boicoit el 1 de mayo al que han llamado “Un día sin migrantes”, inspirándose en la película de Sergio Arau ‘Un día sin Mexicanos’. El film presenta la crisis económica, política y social que se crea en el California el día en que amanece sin la tercera parte de su población: 14 millones de mexicoamericanos, mexicanos y latinoamericanos .
Eso es exactamente es lo que pretende el bociot, que Estados Unidos, su Congreso, gobierno y ciudadanos se den cuenta de la importancia de los migrantes hispanos. Para ello convocaron a no ir a trabajar el 1 de mayo, dejar de mandar a los niños a las escuelas y, quienes tengan negocios, no levantar la cortina ese día. Además habrá grandes marchas de protesta y reivindicación.
La fecha hasta ahora ha pasado desapercibida, pero no tiene nada de inocente. El 1 de mayo es el Día del trabajo en casi todo el mundo menos en Estado Unidos, porque lo que se conmemora es una matanza de obreros en una huelga en Chicago (una ciudad con una importante migración mexicana de años, por cierto). Ese fue el día que escogieron los migrantes para ponerse en huelga y reivindicar sus derechos: el laboral primero que todos. Porque si están ahí es para trabajar.
Y entonces yo me pregunto, ¿por qué en México no vemos algo similar? No me refiero al apoyo a los ‘paisanos’ (término detestable donde los haya para referirse a los mexicanos que emigran) sino a las protestas en nuestro país para exigir nuestros derechos. El derecho al trabajo, a la educación, a no ser marginado y a tener una vida digna. Porque eso es lo que están pidiendo los que se fueron. No hay consideraciones ideológicas ni políticas en sus peticiones. Son de un pragmatismo que pasma. Lo que quieren es poder vivir mejor, nada más.
Y acá no vemos esas marchas y boicots multitudinarios para exigir que haya trabajo y no tener que emigrar. Que haya educación para los hijos, etcétera.
¿Será que pasa con los mexicanos que cruzan la frontera para trabajar lo mismo que con los que lo hacen en coche? Ya no tiran basura por la ventanilla, respetan los límites de velocidad y las señales de tráfico, incluidos los semáforos que dejan de ser optativos. Hasta tienen cuidado con los peatones. Se vuelven gente decente, pues.
Yo creo que son dos cosas distintas. El mexicano se vuelve ordenado y cumple la ley porque en Estados Unidos sí hay un poder coercitivo que lo sanciona si no lo hace. Pero el migrante que despierta para exigir sus derechos que no exigía en México obedece a una motivación muy diferente, la misma que lo llevó a emigrar: en México carecía de expectativas y del ‘otro lado’ si las tiene.
Expectativas de trabajar y mejorar su nivel de vida, pero también de poder presionar a una autoridad que no es ciega ni sorda ante los reclamos de la opinión pública. Así que, discriminados y todo, los ‘paisanos’ nos han dado una gran lección con sus megamarchas y su boicot del 1 de mayo que más bien debería llamarse “Un día sin agachados”.