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PACHITO REX, ME VOY PERO NO DEL TODO, de Fabián Hofman, es un filme moldeable según la verdad imperante. Hace unos años la muerte del candidato a la presidencia Luis Donaldo Colosio parece haber afectado a muchas esferas de la vida en nuestro país. El cine en su calidad de espejo de la sociedad trato, en tono irónico, de retratar este acontecimiento pero con posibles variantes tras la verdad absurda del momento.
Creo así que lo que sucedió hoy, pasadas las elecciones, pueda ser una lección que queda muy explícita en la historia del pasado, del presente y del futuro. No digo del todo que el filme sea profético, realista o fatalista, le afirmo que es un vaivén muy singular lo que se presenta como la realidad.
Camino uno: Cuarenta años después de la muerte del candidato a la presidencia, el asesino sale de su encierro. Lo inusual es saber que él poco sabía del asesinado. Visitando a sus viejos conocidos se da cuenta que él sólo fue uno de los instrumentos de manipulación de poder. Triste sale a reparar televisiones y a ganarse al vida. Sin nada el mundo, ¿que podría un “chivo expiatorio”? Pues con unos gestos patéticos, se lanza al futuro en la oscuridad del olvido.
Camino dos: Es cuando a un policía se le encarga el paradero el cuerpo del fenecido candidato. Lo singular es ver que el asesinato está ligado a una mafia de contrabandistas de partes del cuerpo. Los herederos de la fortuna de Pachito, su amante y su baterista, sólo están buscando el provecho hasta en lo más profano.
Camino tres: Resulta ser el proyecto de mausoleo del dictador presidente. Un arquitecto, viejo amigo del secretario de obras, es seleccionado por accidente para ser el responsable del legado arquitectónico. Sugiere un edificio en forma de “drapi” – una estructura en forma de excremento de perro- como el último lugar de reposo del interesado. Lo inusual, esta vez, es saber como el candidato es un dictador que se ha salvado de todo tipo de atentados, y en el vigor del último aliento se lanza al infinito.
Para darle una textura sin cercanía con los eventos actuales, los paisajes virtuales de este proyecto fueron un trabajo delicado que no se puede dejar de reconocerse. Por medio de animación en tercera dimensión y su fiel compañera el blue screen se lograron ambientes que en cuestiones de montaje diluyen la ficción en una vista translucida. Todo el filme está trabajado en formato digital –dvcam-, lo representa un legado tecnológico único.
Regresando al presente, las tres salidas o soluciones de este cuento sobre un candidato a la presidencia, el presidente y el dictador dejan claras las posturas a las que uno puede adherirse con facilidad, según sea la verdad en turno.
¿Hay verdad en la política?
¿Así donde va un país?
¿Es el presidente el importante?
...
Todas estás preguntas de seguro lo están acosado en estos momentos, sí le sirve un poco de distracción: hoy es el presente, lo único que de forma segura es necesario cambiar para encarar el futuro.
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