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Para sus padres, abuelos y demás parientes el tiempo pasó como un suspiro, “súbitamente” llegó a la adolescencia y comenzó a recibir dos versiones encontradas sobre su propia vida y una tercera, la suya.
La manifestación evidente más simple, contundente e irrefutable fue su primera menstruación, biológicamente dejó de ser niña para convertirse operativamente en una mujer. Para su fortuna, una de las versiones de su vida, un par de años antes, asintió en comprarle un libro sobre sexualidad que ella misma solicitó, al toparse con el texto en la estantería de libros de una tienda autoservicio. Avanzó en el libro tanto como su curiosidad le demandó. Este hecho fue totalmente reprobado por la otra versión de su vida.
Llegado el momento no fue sorprendida con su primera menstruación, es más, ya había dispuesto usar tampones en vez de toallas. Muy práctica afirmaba que esa elección le permitía mayor movilidad para las demandas de su “nueva” vida adolescente.
La otra versión de su propia vida era que “aún no tienes edad para andar viendo esas cosas” ¿Cuál es la edad, 11, 12, 14...?, se preguntaba ella. ¡Hasta los 18! espetaba el autoritarismo.
Aparejada a su biología venía su socialización, de aborrecer a los chicos comenzó a interesarse por ellos; con sus iguales iniciar complicadas estrategias, guiños, trucos y conductas para competir con otras y ganar la atención del chico más apuesto, o “popular”. Esto último con sus complicaciones y valores contrapuestos, pues llegar a ser considerad@ popular no necesariamente equivalía a desarrollar las mejores y más aceptables conductas, se valía la trampa, la mentira, el engaño, la traición y hasta la merma en el rendimiento escolar.
Una versión de su vida le reñía, la represión, el control y el castigo como la opción correcta; las buenas o malas amistades en función de la apariencia, el código postal, la marca de escuela, del modelo de coche de sus papás. La otra versión invitaba al realismo, a las cosas y las personas tal como son, con sus luces y sus sombras. Una versión le elegía la ruta a seguir, la otra le invitaba a decidir por sí misma, hacerse responsable de sus propios actos y sacar conclusiones de sus aciertos y errores.
Frente al castigo y las negativas a fiestas, reuniones y “antros” escogió la opción de la rebeldía; frente a la elección de sus amigos “decentes y de buena familia” de entre éstos eligió a los peores, la “camella” (la que vende drogas), el dark de las arracadas en cuanta parte del cuerpo sea posible colgarse una, la intrigosa que goza del prestigio de ser “popular” y las materias escolares como sinónimo de hueva.
Para una versión de su vida no hubo reja de su jaula de oro que la detuviera, se fue al “antro”, bebió hasta perder el conocimiento. Tuvo suerte, el más tímido de sus amigos, el menos popular, el “ya no sabemos qué hacer para sacudirnos a ese «nerd»”, ese mismo la buscó en el baño donde quedó tirada y probablemente amenazada de ser violada sin que se enterara, ese «nerd» llamó a la otra versión solicitando ayuda y rescate.
Comenzó a escuchar entonces que debía tomar las riendas de su propia vida tal y como es, aprender a andar en la lumbre sin quemarse y, por supuesto, a entender que en la vida existen las zonas y les personas de peligro; deberás aprender a situarte en tu entorno, en tu ciudad, entender que existe gente buena y gente mala que puede estar escondida en su apariencia.
Aprendió que su cuerpo es suyo y nadie mejor que uno mismo para cuidarlo, no es que no bebas, sino que no te excedas; en que a los antros entras gratis por ser mujer y por tanto objeto sexual de intercambio.
En esta otra versión le hablaron de los virus de inmunodeficiencia y del papiloma humanos, chancros, sífilis, de la falsedad de la eyaculación fuera (existe una preeyaculación contenida de espermatozoides), no hay como el condón y no esperes a que lo traiga él, consulta a tu ginecólogo y te recomiende un dispositivo adecuado. En tu medio social adolescente hay de todo, hay quien te ofrecerá drogas, primero mariguana, luego querrás más, seguirás con la coca, las tachas. Tú eliges.
Ella decidió deshacerse de su hímen, ella llevaba el condón, en ese momento era el mejor chico, curioso, atento, fachoso, creativo y no necesariamente guapo, beben chelas y tocan guitarra, no quiere regresar al claustro de la decencia ¿Qué le hubiera pasado sin esta otra versión de su propia vida?
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