¿Es malo que el arte cueste? ¿El dinero lo prostituye?
A principios de los años setenta, cuando ambos estudiábamos la licenciatura de artes visuales en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, hablar de arte y dinero era mal visto.
Eran los tiempos de la llamada “Generación de los Grupos”. Muchos artistas se habían reunido en colectivos que en mayoría realizaba un trabajo crítico en términos políticos. Algunos no habíamos participado en el movimiento estudiantil del 68 porque éramos muy chicos o vivíamos fuera del DF, pero su peso ideológico en todos era innegable. El arte era una herramienta para cuestionar a la autoridad. Era una forma de cambiar el mundo.
A partir de los años noventa las cosas cambian. Todo se centra en el mercado, tanto en el de las galerías o ferias de arte en las que se compran y venden obras de arte físicas, o el de las becas, patrocinios y comisiones que también apoyan productos efímeros.
En Pinto mi Raya pensamos que el trabajo artístico es importante para la sociedad y que los artistas, como cualquier otra persona, tenemos derecho a vivir de nuestro trabajo.
Aunque nos parece perfecto que cualquiera compre obra para disfrutarla en su casa, nos interesa más el consumo que se da en los museos o en las casas de cultura y permite que el público disfrute del arte sin comprarlo.
Sin embargo, para los artistas esto resulta un mal negocio.
La triste realidad es que la mayoría de los museos públicos mexicanos no tienen dinero para adquisiciones, por lo que incrementan sus acervos con donaciones.
En las casas de cultura delegacionales el asunto es más grave ya que pueden cobrar por exponer en sus galerías. Esto nos parece grotesco porque las casas de cultura deben fomentar el arte y ponerlo a la disposición del público, no rentar espacios para presentar y vender obras sólo de quien lo puede pagar.
Siempre nos sorprende que, a la hora de organizar una exposición, el director del museo o casa de cultura, las secretarias, el museógrafo y los chalanes perciben un sueldo, pero los artistas no reciben nada.
Una idea que no es nueva en México y que está institucionalizada en países como Canadá, es que los artistas cobremos por exponer. Este derecho de exhibición es el equivalente al pago de regalías que sí recibimos los artistas visuales cuando su obra aparece en una publicación.
¿Usted como la ve? ¿Deberíamos hacer nuestro trabajo sólo por amor al arte?
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