Mónica Mayer
El fin de semana nos dimos una vueltecita por la nueva Biblioteca José Vasconcelos, mejor conocida como la megabiblioteca, al norte del DF.
Queríamos ver por nosotros mismos el edificio diseñado por Alberto Kalach, la obra de Gabriel Orozco y los libros de arte que tienen.
Tratamos de llegar sin prejuicios.
Borramos de nuestra mente el ruido que nos causan los proyectos faraónicos de los políticos que, como éste, se chupan los recursos económicos de áreas menos visibles.
También procuramos olvidar detalles como que ya hay quejas por goteras o que la obra de Orozco costó tres millones de dólares, según nos cuenta Miguel Ángel Ceballos en su nota del jueves 20 de julio de 2006 en la sección cultural de este diario.
Nuestra primera impresión del edificio fue de asombro. Nos apantalló. No hay muros. Es un espacio enorme. Cerrado, pero abierto. Tuvimos la sensación de que todo flotaba. No es apto para quienes padecen vértigo y sería horrible estar ahí en un temblor. Eso sí, podría ser una magnífica locación para películas futuristas, sueños o pesadillas.
Quizá llegamos a una hora extraña en la que empezaba a obscurecer y aún no prendían las luces, pero nos pareció un lugar que para ser tan abierto, paradójicamente era bastante oscuro.
La sección de libros de artes visuales es reducida. Quizá todavía no incluyen todos los libros que tienen. Esperábamos que por lo menos hubiera copias de todas las publicaciones del INBA y de CONACULTA, pero no las vimos.
La mayor decepción fue la obra de Gabriel Orozco.
Nos habían platicado que este esqueleto de ballena gris de 12 metros de largo que está colgada y flotando era impresionante, pero en nuestra opinión el edificio se la traga.
Nos intriga saber si otras personas que ven esta obra sin estar enterados de que está hecha por “EL” artista mexicano de mayor renombre internacional, la ven como “arte”.
Si ya visitó la megabiblioteca, nos encantaría su opinión. También nos gustaría leer sus opiniones sobre otros proyectos oficiales culturales recientes en el resto del país.
Los viernes los invitamos a leer la columna de Mónica en la sección de cultura.
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