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El tío Ho (Ho Chi Minh) mira desde un cartel. |
En 1973, Estados Unidos firmó un acuerdo en Ginebra con Vietnam del Norte, mediante el cual accedía a retirarse de Vietnam del Sur a cambio de que el Norte respetara las fronteras. Unos y otros sabían que ésa no era más que la coartada de Washington para salir por piernas de Vietnam sin que pareciera una derrota. Ni los norvietnamitas pensaban respetar el pacto ni los analistas de EU creían que lo fueran a hacer.
A los norvietnamitas les costó poco hacer pedazos al ejército del Sur, odiado por la población, hundido en pleitos internos y corruptelas e incapaz de tenerse en pie sin el apoyo de EU. Cuando tomaron Saigón, en 1975, los últimos marines evacuaron la embajada estadounidense en uno de esos episodios de vergüenza histórica. La elite pseudoaristrocrática que se había beneficiado de su presencia se agolpaba en las puertas con la esperanza de poder escapar en los últimos helicópteros de EU. Los soldados arrojaban a las mujeres de las naves para poder despegar.
Antes de eso, en la ciudad de Hoy An, casi en la frontera con el Norte, cosas peores habían ocurrido cuando se aproximaban las tropas del Vietcong. Las autoridades militares de EU prohibieron los vuelos civiles a esa zona pero el responsable de una línea aérea, que sabía que mucha gente quería huir de ahí, envió dos aeronaves. Los soldados de Vietnam del Sur disparaban contra los civiles y contra ellos mismos en su esfuerzo por abordar. Una madre arrojó a su bebé al interior, pero no pudo seguirlo. Los aviones despegaron pero uno, el del bebé, fue incapaz de elevarse por el peso excesivo. Desde el segundo avión lo vieron precipitarse al mar.
En Phnom Penh, me impresionó la vitalidad de una ciudad que años antes había sido despoblada por el Khmer Rouge. También aquí en Saigón, renombrada Ho Chi Minh City (HCMC, en honor del gran inspirador de las luchas vietnamitas, fallecido en 1969), hay muchas cosas que es difícil imaginar. Por ejemplo, los días de esa evacuación desastrosa. Uno se pregunta si pasará algo similar cuando, como van las cosas, el orgulloso ejército estadounidense tenga que evacuar Bagdad y nos deje un Irak en guerra civil y repleto de terroristas, una situación a todas luces peor que la que dejó en Saigón. También es raro pensar que ésta es la capital económica (la política es Hanoi) de un país comunista… ¿Dónde están los comunistas? Porque a los vietnamitas se los ve muy contentos haciendo negocios y consumiendo como locos.
Vietnam es una de la pocas naciones que le mantienen la carrera a los chinos, con crecimientos sostenidos promedio de 9 y 10% anual. Las estrechas calles de HCMC están repletas, pero repletas de motocicletas, oh dios, el tráfico de Phnom Penh era un paraíso comparado con esto. Sólo en India se puede encontrar un caos peor. Las motos llegan de todos lados y corren en cualquier sentido. Si en Camboya sentí que asimilaba rápido su forma de manejar y que era divertida, aquí ni loco me pongo frente a un volante.
Poco antes, eran bicicletas. Ahora rugen en millones de motos que no caben, y claro, con el boom económico ya las están empezando a cambiar por coches… pero cuando todos tengan uno, ¿por dónde se van a mover? Esto es una locura.
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