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He pasado un mes siguiendo el curso del Mekong, un río lleno de misterios e historia. El de ficción de "Apocalypsis now", el de las medallas de John Kerry, el de tantas batallas y tanta sangre...
...y el de tanta vida. Nunca había tenido una muestra tan intensa de la riqueza de la vida fluvial como en este recorrido por las aldeas y ciudades ribereñas del Mekong, desde Tailandia y Laos hasta Camboya, pasando por las cuatro mil islas de Si Phan Don, y ahora aquí, en Vietnam, en el famoso delta que es una de las zonas agrícolas más ricas del mundo.
Las islas del delta parecen enormes chinampas, con sus extensos cultivos y a veces delimitadas con estacas. La modernización acelerada del país está dejando huella aquí, con autopistas y anchos puentes, pero todavía queda un poco de lo antiguo, como los "pasos de mono" o delgadas construcciones de bambú sobre las que uno cruza los brazos del río haciendo equilibrio sobre una vara más estrecha que el pie.
Lo más interesante son los inmensos mercados flotantes, en los que los barcos y las canoas se mezclan para intercambiar productos. Los navíos de mar y los de río se diferencian porque estos últimos tienen pintados grandes ojos en la parte baja de la proa: desde antaño se cree que en el Mekong habita un dragón enorme que, al ver los ojos de los barcos, cree que ha encontrado un amigo y se queda tranquilo.
Ésta zona, que los franceses llamaban Conchinchina, es tal vez donde mejor se puede apreciar la confluencia cultural que en una región mucho más grande (Laos, Camboya y Vietnam) se conoce como Indochina: el encuentro de las áreas de influencia india (más fuerte en Birmania y Tailandia, así como en Laos y Camboya) y china (más visible en Vietnam).
En el delta, hace un milenio los vietnamitas que descendían del norte enfrentaron y vencieron a los khmers camboyanos (en Camboya todavía piensan que éstos son territorios suyos). Pero todavía hay una importante minoría khmer. En los templos se mezclan las tradiciones iconográficas del budismo theravada, de influencia india, con las del budismo mahayana, predominante en China.
En las ciudades se están perdiendo las particularidades, como en todos lados, y se convierten en masas urbanas tercermundistas comunes y corrientes, pero en las pequeñas comunas del delta todavía hay mucho carácter, reforzado por la presencia perenne del agua: aquí parece que el ser humano nació con barca.
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