Por Javier Távara
¿Qué es la realidad? ¿Cómo es que se conoce la realidad? ¿Qué es lo real? Estas preguntas rondaron la cabeza de los filósofos desde los presocráticos hasta nuestros días y bien valen para intentar descifrar lo que ocurre hoy con el llamado proceso de paz del País Vasco.
Hace unos meses, este servidor decía aquí que tras el anuncio de la tregua indefinida de ETA se abría un tiempo de esperanza para acabar con una vieja y dolorosa historia de violencia política. Hoy el llamado proceso de paz vasco se encamina a la vía muerta y muchas cosas tendrían que cambiar para llevarlo a buen puerto. La realidad es una sola, en la clase política existen visiones antagónicas sobre el origen de la violencia y su solución.
Cuando ETA anunció que dejaría las armas y que se dispondría a negociar, el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero vio una oportunidad extraordinaria para acabar con la principal preocupación de los españoles, según todas las encuestas: el terrorismo. La sola perspectiva del final del terrorismo de ETA hizo subir algunos puntos en las encuestas, el apoyo de los españoles a la gestión del Presidente. Para el Partido Socialista la conflictiva realidad del País Vasco tiene solución en el marco de la Constitución Española. Los ‘sociatas’ se remangaron la camisa y se pusieron a trabajar en varios frentes para conseguir el final del terrorismo. El gobierno de Zapatero convenció en el Congreso a los demás partidos políticos –excepto al Partido Popular de Aznar y Rajoy- que si constataba el cese de la violencia de ETA, iniciaría un diálogo con los terroristas con miras a poner fin a la violencia política. Hicieron lo propio en el Parlamento Europeo de Estrasburgo. Por otra parte los socialistas vascos empezaron los contactos con los líderes de Batasuna, el principal partido de la izquierda nacionalista vasca, ‘abertzale’.
Pero Batasuna es hoy en día una formación política ilegal, que hasta hace pocos años tenía una considerable representación en las instituciones vascas. La visión de Batasuna sobre la realidad del País Vasco se corresponde con la de ETA, lo que unido a otras acciones comunes, le ha acarreado una sentencia del Tribunal Supremo que le disuelve como partido, prohibiendo todas sus actividades. La realidad según la izquierda abertzale es que el territorio del milenario pueblo vasco, Euskal Herria, fue invadido por españoles y franceses quienes impusieron a los vascos su dominación. Y esa es para ellos la raíz del conflicto político que se vive actualmente. La lucha armada de ETA, es para ellos una respuesta a la violencia originada por la ocupación, con el legítimo propósito de liberar a los vascos de la opresión ejercida por España y Francia.
Del otro lado del espectro político está el Partido Popular. Para Aznar, Rajoy y cía, el País Vasco es tan parte de España como lo son Andalucía o Madrid. No hay conflicto político y sí que hay una gran banda de delincuentes que ejercen el terrorismo y la intimidación, a los que hay que perseguir con todo el rigor de las leyes penales.
En medio está el Partido Nacionalista Vasco, que gobierna la comunidad autónoma vasca desde el retorno a la democracia. El PNV comparte con el PP la ideología demócrata-cristiana, pero se apunta también a las tesis soberanistas de los abertzales. Para el PNV los vascos deben decidir por sí solos su futuro político sin injerencia del resto del mundo.
Como todas las comunidades autónomas españolas, el País Vasco tiene un parlamento, cuya composición está tan fragmentada que se fraguan alianzas inverosímiles. Esto es también reflejo de una sociedad que no es homogénea –lleva mucho tiempo sin serlo- sino que caben en ella una pluralidad de formas de entender su identidad y su inserción en España.
Era problemático fiarse de que ETA deseara negociar su final. Y a más de uno le vino a la cabeza la fábula de la rana y el alacrán. En el sangriento historial de ETA –más de ochocientos asesinatos e incontables heridos- impresiona la crueldad de su discurso. Los etarras siguen convencidos de que han hecho lo que tenían que hacer, no han hecho el menor ejercicio de autocrítica y por supuesto no tienen ni asomo de petición de perdón a sus víctimas. Al contrario, suelen ser frecuentes las risas de los procesados por terrorismo en las audiencias judiciales. En la fábula el alacrán le pide a la rana que le ayude a cruzar un arroyo y le asegura que no la matará pues se ahogaría si lo hiciera. La rana accede y a mitad del trayecto el alacrán le clava su venenoso aguijón. Antes de morir ambos, el alacrán le explica a la rana que no ha podido evitarlo. Clavarle el aguijón estaba en su naturaleza. ETA además de mantener tras la tregua su discurso de legitimación de la vía armada para sus objetivos políticos, no ha optado por el desarme. Como el alacrán de la fábula ha ofrecido diálogo pero con las armas dispuestas.
En estos meses, la violencia callejera en las ciudades vascas no ha remitido. Y el hecho que más ha complicado el acercamiento de posturas para un diálogo de paz, ha sido el violento robo perpetrado por ETA de 350 pistolas y abundante munición a una empresa en Francia.
Así las cosas, parece poco probable de que el llamado proceso de paz llegue a buen puerto antes de que Rodríguez Zapatero vuelva a convocar a elecciones generales, allá por 2008. Mientras, los líderes políticos del País Vasco y del resto de España siguen hablando de realidades diferentes. Desempolvar la filosofía de Descartes –existe una única realidad- no les vendría mal.
|