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¿A poco preferían ver a los guerreros? Ellie y su hermana |
El foco cultural de la civilización china es Shaanxi. Xian es a su vez el centro de la provincia. En esta urbe o en sus alrededores, y a lo largo de más de dos milenios, doce dinastías se alzaron y cayeron. Su condición de ciudad clásica había sido bien establecida siglos antes de que los griegos empezaran a alzar el vuelo, cuando los hombres cuyos descendientes fundarían la eterna Roma se cubrían con pieles.
Era una fuente de poder político e influencia cultural que alcanzaba lejanos extremos de Asia, principio de la famosa Ruta de la Seda que llegaba hasta el Mar Negro. Grandes caravanas arribaban y partían con cientos de camellos. En las calles de Xian, entonces llamada Chang'an, se hablaba una multitud de idiomas: desde turco hasta japonés. Monjes budistas y emisarios islámicos se mezclaban con eruditos confucianos y guerreros sudasiáticos.
Aunque no fueron ellos quienes pusieron capital en Xian por vez primera (los Han lo hicieron entre 206 aC y 23 dC; después las dinastías Wei, Zhou y Sui, entre 535 y 618), no hubo época de mayor gloria para la ciudad y para China que durante la dinastía Tang (618-907), en particular bajo el reinado de Taizong.
Las torres de la campana (usada para marcar las horas) y del tambor (que señalaba el cambio de la guardia nocturna), comunes en las grandes urbes chinas, muestran aquí una majestuosidad singular. Las murallas son imponentes, con una anchura que va de 15 a 18 metros y una altura de 12: ¡era imposible abrirlas en brecha!
El legado multirreligioso de su historia se refleja en los monumentos de distintas fes, en particular la Gran Mezquita, una de las mayores de China (alrededor de la cual se despliega el interesante mercado del Barrio Islámico), y la Pagoda del Gran Ganso, construida a raíz de uno de los momentos cumbre de la historia de la metrópolis: la llegada de Xuanzang, el sabio y valiente monje budista que emprendió un peligroso viaje de 18 años a la India para traer los sutras del Buda. También, el Bosque de las Estelas (antes Templo de Confucio), la colección de libros más pesada del mundo, con más de 2,300 largas losas de piedra grabada, que datan de la dinastía Han. Y un templo taoísta, el de los Ocho Inmortales, que sigue siendo un lugar de culto activo.
Los monumentos dentro de Xian son innumerables. Pero hay aún más en los alrededores: la villa neolítica Banpo, las tumbas de emperadores como Qin Shi Huang y Han Jing (siglo III aC), entre muchas otras no tan visitadas pero de no menor esplendor, y la ciudad de Xianyang, capital entre 221 y 207 aC.
Cuando finalmente salí de Yangshuo, fui a Guilin a encontrarme con mi querida amiga Kazzy, la irlandesa, y yo me adelanté a Xian. Después llegó ella, a un precioso hostal en una antigua casa china de patios múltiples, Seven Sages. Aquí todos la conocen y adoran, porque se hospedó durante unos meses hace poco. Por lo mismo, ya visitó todo lo visitable y se negó en redondo a hacerla de guía de turistas. En lugar de eso me envió con Ellie y su hermana, dos simpáticas alemanitas, lo cual… eh… pues no me quejo.
Con ellas fui a la madre de todas las atracciones de Shaanxi y, junto con la Gran Muralla, de China, los guerreros de terracota: 10,000 figuras de soldados (se cree que puede haber más) y caballos en tamaño natural, que originalmente sostenían arcos, espadas y armaduras verdaderas (hoy almacenadas para su protección). El sitio es intensamente promocionado por el gobierno chino como la octava maravilla del mundo, el descubrimiento de estos ejércitos de lodo, en 1976, es calificado por algunos como el mayor hito arqueológico del siglo XX.
Es muy impresionante, claro, pero no deja de hacerme sentir incómodo: cientos de miles de personas se vieron afectadas de una u otra forma (muertes, hambre, enfermedades) por la cobardía de un déspota enfermo, el emperador Qin Shi Huang, que los mandó a hacer hace 2000 años para que, el tipo creyó, lo protegieran en su paso a la otra vida. Como es natural, la gente guardó grandes rencores y en la primera revolución, se fueron contra las enormes tumbas. Los que vemos ahora son los sobrevivientes de la rebelión, ocres e impávidos.
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