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Miseria frente al jefe Mao |
Fue muy extraño llegar a Beijing. Casi no había pensado en ello cuando de súbito caí en la cuenta de que estábamos en la capital del que fue el imperio más extenso que ha conocido la humanidad, la de las poderosas dinastías del milenio pasado, la de la economía que, como indica el nombre mandarín de China, Zhongguo, será el Centro del mundo en unas tres décadas.
Tuvimos una estupenda anfitriona e introductora, mi querida Marga Zambrana, corresponsal de la agencia española EFE (brillante, encantadora, guapísima y soltera... ¡eh, eh!, ¡quietos perros!, que por lo menos tendrían que ir hasta China). Además, una linda beijingesa que conocí en Yangshuo, Cathy, nos llevó a la Gran Muralla.
¿Cuándo fue fundada Beijing? No hay certeza de ello. El área estaba habitada desde hace nada menos que medio millón de años (el esqueleto del "hombre de Beijing" es uno de los ancestros remotos del homo sapiens), pero los primeros registros históricos de asentamientos permanentes datan de 1045 aC. En 1215 dC, los mongoles la atacaron y arrasaron. Irónicamente, ése fue el momento en que Beijing entró de lleno en la historia de China y el mundo, pues los invasores instalaron una dinastía, la Yuan, que puso ahí su capital.
Para 1279, Kublai Khan, nieto del feroz Gengis Khan, gobernaba desde ahí el imperio más extenso de la historia de la humanidad. Xian había perdido definitivamente su papel central y Nanjing sólo robó la capitalidad por un par de breves periodos, al principio de la dinastía Ming y durante la república.
El emperador Yongle, el Ming que le dio gloria a Nanjing, recibe también el crédito por haber creado la Beijing moderna y gran parte de su arquitectura más famosa, como la Ciudad Prohibida y el Templo del Cielo, se debe a él. El trazo urbano de Yongle sobrevivió con los siglos y a través de la época comunista, pero poco se sabe de lo que cambiará en este periodo pre-olímpico de capitalismo autoritario: Beijing hospedará los Juegos de 2008 y en este momento está sujeta a transformaciones de tales dimensiones y velocidad que los mapas se desactualizan cada dos semanas. Abundan las quejas por la destrucción de las barriadas tradicionales, pero aquí eso no importa mucho.
Dentro de la urbe, la estructura principal es el enorme conjunto de la Ciudad Prohibida: palacios, patios y jardines que fueron la residencia de los emperadores, sus concubinas y miles de funcionarios y sirvientes. Para entrar a ella hay que pasar por la Puerta de la Paz Celestial, desde donde un gran retrato del líder Mao observa la transformación de su república comunista en una nación de jugosos negocios y extrema pobreza. Dos caras terribles de China, el autoritarismo y los miserables, pueden ponerse en juego fotográfico con la cara del jefe Mao, sin trucos.
Del lado opuesto está la plaza de Tiananmén, mayor que la del Zócalo, donde en 1989 el ejército masacró a cientos de estudiantes que pedían democracia pacíficamente.
La cumbre, claro está, de todo viaje a la antigua China es la Gran Muralla, 70 kilómetros al norte de Beijing.
Sus dimensiones (5000 kilómetros), sin embargo, no permiten apreciar la naturaleza del esfuerzo de construirla y mantenerla: es la obra colectiva de millones de personas a lo largo de 2,200 años.
Ésta, más que los guerreros de terracota, merece ocupar un sitio aventajado entre los mayores tesoros de la humanidad. Con el añadido de que, a diferencia de tantas proezas arquitectónicas, no fue construida para satisfacer la vanidad de un hombre o un dios, sino para proteger la civilización y la vida de millones de personas.
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