Día 527. Franz Josef Glacier, Costa Oeste, Isla Sur, Nueva Zelanda: aventura en el glaciar
23-enero-2007
 
 
Un río de hielo que busca el mar

Llevado por la ansiedad de ver la maravilla, no quise esperar al día siguiente para ir con un grupo guiado y me lancé a conocer el fabuloso glaciar Franz Josef. Ignoré las advertencias de sólo avanzar con una persona autorizada, crucé los cordones de seguridad y llegué al pie del gran macizo de hielo de tonos azulados: unos 40 metros de altitud y 200 metros de ancho, ese gigantesco río lento baja desde las cumbres de los Alpes del Sur y se detiene justo ahí, cuando el derretimiento lo transforma en un torrente de agua que sale de sus entrañas.

Una chica me había seguido, pasó junto a mí, hizo fotos y retrocedió. No iría más allá. No se veía nada, pero desde el interior de la gran serpiente helada se escuchaban sonidos extraños, rocas que caían en huecos sin luz. Yo quise seguir. Busqué durante quince minutos un camino, la ruta que todos los días toman los guías, huellas… allí estaban. Tenía que empezar con un gran brinco, subir unos quince metros, no lo podría escalar, pero hallé escaleras escondidas que resolvieron esa primera parte. Una vez arriba, quise pensar, lo más difícil estaba hecho. Error. A los diez minutos de avanzar, todo crujía a mi alrededor, ahora sí veía los trozos de hielo caer, la superficie se partía en miles de alfileres de hielo que me herirían si caía, las botas se resbalaban. Pronto hallé una grieta profunda, al fondo de la cual se veía una mochila roja. A alguien se le había caído y la había dejado ahí, no existía manera de sacarla… ¿y quién me sacaría a mí si resbalaba? Muy bien, hasta aquí llegamos, marcha atrás. Pero no era tan fácil. Al revés. Era como si en ese escaso tiempo, el derretimiento se hubiera apresurado y a derecha e izquierda se abrían hoyos, se rompían bloques, el piso parecía ceder… las escaleras seguían allí y pude bajar sin peligro. ¡Uffff!

Ir con guía es mucho más fácil, seguro e incluso divertido. Otra alternativa es el heli-hike: subir en helicóptero hasta una de las cimas y hacer un recorrido sobre nieve, más sencillo que en el hielo. El Monte Cook, a 3750 metros de altura, y el Monte Tasman brillan blancos bajo el sol. Al fondo, el Océano Pacífico, azul profundo, tranquilo por esta ocasión.

Es un error común imaginar que los glaciares avanzan y retroceden. Eso no podría ocurrir por la simple causa de la ley de gravedad. Cuando el ambiente es más cálido, el glaciar se derrite antes en tiempo y espacio, lo que crea la ilusión de que va hacia atrás. El Franz Josef se mueve a un ritmo diez veces más veloz que los de los Alpes suizos, casi cinco metros diarios, aunque varía por épocas. El ojo humano no lo percibe. Los restos de un aeroplano que se estrelló sobre el glaciar, a tres kilómetros y medio de su cara terminal, tardaron seis años en llegar al fondo.

Los Alpes Meridionales forman una barrera natural para los vientos húmedos que vienen por el oeste desde el Mar de Tasmania, depositan su carga en el lado occidental, en forma de agua y nieve, y pasan al este secos. La nieve se compacta en las cumbres, forma hielo y su peso empuja al que está debajo, que avanza rompiendo la tierra hasta llegar a la zona de ablación (el punto en el que se derrite).

Durante la última glaciación (entre 15 y 20 mil años atrás), el Franz Josef y su vecino, el Fox, descendieron por este valle hasta llegar al Pacífico. La llegada de tiempos más cálidos los hizo ceder terreno hasta quedar todavía más atrás de donde se encuentran ahora. Un miniglaciación, entre los siglos XIV y XVIII los hizo avanzar algunos kilómetros, hasta un límite claramente visible, pero en los últimos 250 años se estabilizaron en el nivel presente.

Los maoris lo conocían como Ka Roimata o Hine Hukatere (lágrimas de la chica avalancha) debido a una leyenda: una joven perdió a su amado cuando él cayó mientras escalaba los picos cercanos y su llanto se congeló. Pero el nombre actual le fue dado por el explorador austriaco Julius Haast en 1865, para honrar a su emperador.

Comentarios (2)
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Ah Caray!

¿Hubo una mini glaciación de sólo 400 "añitos" entre los siglos 14 y 18? el fin de la Edad Media, seguida del Renacimiento. Época en que México vive su periodo Clásico Prehispánico, la Conquista y casi toda la Colonia Española... No! pos un ratito.

Con toda sinceridad no tenía idea.

Y con más razón me preocupa el sobrecalentamieto global.

Oye Témoris, qué brevemente anotaste la romántica leyenda de las lágrimas de hielo ¡tan bonita que suena! mejor la hubieras dejado completa para un post... de seguro te dio miedo sonar cursi con tanto romance...

 Enviado por Científica - 23-enero-2007 a las 12:33 Enviar mail al autor
 

Creo que el nombre original es el que deberia de prevalecer ya que Francisco José es menos apropiado para el glaciar, aunque se trate del nombre del rey de la conchinchina. A ti amigo te sugiero que si quieres terminar tu aventura y seguir relatando tus peripecias no actues como mexicano y has caso a los señalamientos, no queremos que salga una nota en los periódicos del mundo que diga: otro mexicano muere por no hacer caso a las indicaciones. agur!

 Enviado por Manolo - 23-enero-2007 a las 11:33 Enviar mail al autor
 
 
Acerca del autor
 
Témoris Grecko

En lengua rarámuri (tarahumara), Témoris significa "el que ve caminos". Y él quiere ver si sus padres acertaron.

El 27/abril/05 se lanzó a darle la vuelta al sur del mundo (sur: los países en vías de desarrollo). Inició en Sudáfrica, termina en Venezuela (si llega...).

Lunes, miércoles y viernes publica aquí su diario de viaje. Al final de cada etapa, sube una narración completa y fotos a www.travelblog.org/Bloggers/Temoris.

Martes y jueves, los bloggers abordan temas de actualidad sobre la cerrazón global, coordinados desde Caracas por Domingo Medina,“Mingus”.

 
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