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"Al infinito", gritaba Walter Marino a su hijo Christopher, de 12 años, y este le respondía "Y más allá", mientras flotaban a la deriva en las aguas del Océano Atlántico.
Padre e hijo sobrevivieron durante más de 12 horas nadando sin salvavidas, luego de que la corriente los alejara de la costa el pasado sábado en Ponce Inlet, en el estado de Florida, informó la CNN.
El pequeño Christopher es autista y carece de la noción del peligro y del temor a la muerte, además de que disfruta mucho de estar en el agua, lo que ayudó a mantenerlo con vida.
Ver que su hijo estaba a gusto en el agua también le dio fortaleza al padre para aguantar durante las primeras cuatro horas. Después anocheció y las mismas corrientes que los alejaron de la playa, los fueron separando a uno del otro.
Christopher se comunica principalmente de forma no verbal, por lo que su padre recurrió a un sistema que ambos utilizan para comunicarse que consiste en decir una frase de una película de Walt Disney para que el pequeño la complete.
Así, cuando oscureció, Walter recurrió a ese juego familiar para mantener contacto con su hijo y poder ubicarlo. Entonces la famosa frase de Buzz Lightyear en la película Toy Story se convirtió en un vínculo entre ambos. Pero la voz de Christopher se iba oyendo cada vez más lejana y apagada, hasta que después de una hora cesó del todo. Entonces el padre se imaginó lo peor.
Luego de ocho horas más alternando el nado de perrito con flotar de espaldas en la posición de "muertito", unos pescadores encontraron a Walter y dieron aviso al servicio de guardacostas.
Marino no quiso presenciar la búsqueda de su hijo, temiendo que ya estaría muerto y se refugió al interior del barco de la guardia costera. Al poco lo llamaron a la cubierta. "Subí tres escalones al corredor de la muerte", dijo en alusión al último recorrido que hacen los condenados a la pena capital antes de ser ejecutados. "Y en la cubierta me señalaron un helicóptero y me dijeron: 'ahí va tu hijo y está bien'".
Padre e hijo se reencontraron, exhaustos y deshidratados, pero felices de estar vivos, en el centro médico Halifax, en Daytona Beach.
Christopher sigue disfrutando del agua en la alberca, pero su padre aún no lo lleva a la playa.
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